Día trece

Pasados varios días sin publicar, retomo la subida de pequeños reportes desde la ribera leonesa. El día trece resultó excelente para la visualización de especies, a pesar de la ligera y tenue luz disponible. Pude realizar bastantes fotografías, de las que muy pocas quedaron medianamente vistosas o definidas. Eso sí: por fin, me encontré cara a cara con un precioso ejemplar de colirrojo tizón.

La lavandera blanca es un ave que no puede faltar, ya sea en los paseos, jardines y arboledas o en las piedras del río. Su vuelo es una maravilla, y sus juegos sobre el agua suponen un espectáculo. Posa con silueta señorial y traje de colorimetría ajedrezada. Su equilibrio a una pata y la bonita sombra proyectada… suponen un plus para este humilde retrato, al menos para quien suscribe.

Es casi imposible no encontrarse con los ánades azulones, cuyo porte no se queda atrás. No importa si tienen dos centímetros o un metro de líquido bajo sus barrigas: dominan sobre el agua, y su imagen diaria en el río es tan simbólica como necesaria.

Logré ver unos cuantos pinzones, aunque fue imposible poder obtener buenas imágenes de los mismos En este caso, las ramas del árbol sirven de relativo camuflaje para estos robustos ejemplares que abrazan la tarde con su habitual entusiasmo.

El matador del aire no se quedó sin su porción de roja carne sangrienta. Esta máquina de atrapar y destripar palomas o lo que se tercie… es absolutamente regular en su afán por la caza. Llena su buche, y en gesto de notable generosidad, deja que los pequeños carroñeros alados participen del macabro y espontáneo festín. Resulta increíble poder observar su comportamiento en plena libertad, y su simple visualización supone algo mágico.

Como contrapartida, la labor de otras aves que tampoco descansan en su vigilacia de cara a diferentes modalidades de captura: una garza real (bastante lejana, la única que vi en esta jornada), un martín pescador y un andarríos grande muy entregado a su misión.

Aún quedó espacio para poder fotografiar (con mayor o menor fortuna) otras especies de pequeños pajarillos, tales como los extraordinarios gorriones, la curruca capirotada, el mosquitero y el petirrojo.

No menos grato fue encontrarse con la lejana pero claramente definida silueta de un milano real, ensimismado en las alturas, así como con el veloz cernícalo, acróbata multiterreno que, sobre la vereda del río, se cernía con su habitual precisión .

Esta jornada, cargada de altibajos lumínicos, tocaba a su fin. No hice ascos a fotografíar especies bastante comunes, como la paloma torcaz,  el mirlo y la urraca, personajes habituales en el recorrido.

Inevitablemente, hay que aludir al puente sobre el río Bernesga, testigo imperecedero de aventuras y desventuras etológicas. Con su ojo reflejado en el agua, nos muestra la puerta a insospechadas sensaciones y sella esta puntual sesión de la serie relativa al mes de noviembre.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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