Aguas de febrero (2)

Con la misma seguridad de que el gran mago maneja los hilos y anzuelos de la comedia mediante una precisión quirúrgica, las aves van tomando lugar en la antesala que da paso a su ansiada primavera. Los picos picapinos o los mirlos acuáticos, unos a la vista y otros por ausencia, fueron dando muestras de ello, al menos desde mediados de un febrero que evolucionó a través de días relativamente soleados y esquivando en gran medida los ambientes húmedos. Incluso los martines pescadores, tras el bramido de las grandes aguas, dejaron de verse de forma tan evidente. A pesar de que podría parecer temprano, es más que posible que estuviesen preparando los juegos previos al ritual de la nueva vida, justo cuando la naturaleza cambió su disposición por el peso del sagrado líquido y su implacable purga arbustiva. Algunas especies fueron entrando al trapo estacionario, como los verdecillos, los pardillos o los verderones, mientras que los bandos de jilgueros aún se las ven y se las desean para encontrar comida, dado lo dañado que está, desde hace meses, el material con el que suelen proveerse. El pasado año, ciertos arces estuvieron cargados de semillas hasta mayo, y en 2026, hace mucho que esos mismos árboles carecen de dicho alimento, lo que hace que ni los pinzones duren dos días en algunos entornos. Podría decirse más, siempre desde la total subjetividad y limitadísima experiencia, pues habría que recorrer muchas zonas para asegurar lo que sugiero. A grandes rasgos, así parece estar el asunto, pero afirmar que este año se ha visto y se ve un menor número de aves que de costumbre, parece coherente.

Este post, ligeramente transitivo, está orientado a mostrar algunas imágenes básicas sobre aves comunes del entorno urbano y de la periferia, para no variar. Para mí son entrañables, porque como suelo decir, son las mismas y no lo son, están y no estaban, porque estaban y no están. Todas tienen su importancia, al margen de si han sido plasmadas con mayor o menor luminosidad, más apasteladas o más brillantes y definidas. Las fotografías del siguiente bloque se captaron el pasado diecisiete de febrero, y he añadido dos imágenes del día dieciocho.

En el pack que viene a continuación, con fotos de los días diecinueve y veinte, he insertado dos fotografías de calle relacionadas con el atardecer y con la llegada de la oscuridad, así como con el Apocalipsis que tanto suelo mencionar. Me gusta como culminan y coronan la serie, sobre todo tras haber puesto las imágenes de la hermosísima cigüeña de San Isidoro.

El bloque tres entrega imágenes de los días veintiuno y veintidós, en algunas de ellas puede notarse el canto de la primavera. Esta vez he introducido cinco fotos de calle, y en ellas incluyo la del pez sobre la rejilla, evidente y a la vez metafórica, callejera como un perro solitario en la década de los setenta. Las otras cuatro me parecen sugerentes y simbólicas. En el resto, se mezclan escenas luminosas y algunos contraluces que a veces oscilan entre lo tenue y la penumbra inminente. Algunas de ellas están realizadas desde mucha distancia y no ofrecen demasiada definición, en concreto las de las dos especies de pájaro carpintero, aunque he creído oportuno ponerlas porque se distingue a cada ave perfectamente. Las especies mostradas en todo el post son las siguientes: ánade real, carbonero, cigüeña, corneja negra, curruca capirotada, estornino, gallineta, garceta grande, garza real, gorrión, gorrión molinero, herrerillo, jilguero, lavandera blanca, martín pescador, mirlo, mito, mosquitero, paloma bravía, paloma torcaz, pardillo, pato criollo, petirrojo, pico picapinos, pito real, pinzón, tarabilla, tórtola turca, trucha, urraca, verderón.

Por último, quiero agradecer su buena voluntad, actitud desenfadada y amabilidad a todas aquellas personas que durante el mes de febrero me han permitido obtener imágenes de sus perros y además hacerles fotografías junto a sus queridos animales, así como por haberme concedido el permiso para publicarlas, algo que haré a continuación. Hay dos que rompen la línea presentada: una es de un precioso Weimaraner, en plena pose para retrato, y la otra es una bonita foto de calle en la que aparece un galgo como protagonista. Me hubiera gustado poner más imágenes de perros con sus correspondientes responsables, en concreto algunas que me parecen preciosas y entrañables, aunque de momento no procede. Espero solucionarlo en las siguientes semanas, sería un auténtico placer poder contar con ese material en los anaqueles de Vientos de Estigia, sección febrero 2026.

No hay manejador sin hilos ni hilo sin anzuelo, así como no hay pequeño garfio sin cebo. Esta frase de dualidad esplícita y metafórica me sirve para enviar un gran saludo para el maestro artesano, por permitirme obtener las dos imágenes que, con toda intención, abren y cierran este breve post. No solo lo envuelven, sino que lo complementan contextualmente. Aves y peces, garfios y redes, calles y estatuas, astros y hierba, personas y vidas, agua y madera, óxido y rejas, asfalto y hiedra, raíles y piedra. El resto es fuego purificador, nos guste o no, pues así se establece en el tablero de las algodonadas aunque demoledoras apariencias. Gracias por leer, hasta la tercera y última parte de “Aguas de febrero”.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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