Otro mes que no vuelve, con lo que ello conlleva respecto al poso adquirido a nivel experiencial. Febrero ha pasado como un ciclón, entre frío con agua y temperaturas algo más templadas, en general. El río bramó mediante relativos desbordamientos y se llevó por delante cualquier asomo de motivo físico, útil u ornamental para los animalillos de ribera. Y la vida diaria, a pesar de estar supuestamente respaldada por una, en teoría, eficaz tecnología, se complica a más no poder, precisamente en el ámbito de la comunicación directa y ante la elección de navegar por otros lares. Así, esas insondables relaciones humanas que son variables por defecto, brillan progresivamente estables cuando la electricidad fluye. La otra cara implica confusión que genera desconfianza y bullicio cerebral que desemboca en pensamientos borrosos, astillados, descabezados, por mucho que destellen mediante supuesta y exultante vitalidad. Por defecto, estas cosas solo pueden atajarse de raíz aunque con sutileza, no a tijeretazos puntuales. Y midiendo aún más la tela a cortar, para que el traje se amolde sin apretar pero sin demasiadas holguras. Someterse a placer no es lo mismo que adaptarse o morir, y en medio, hay opciones. Trascender no solo implica llegar a obtener el reconocimiento de los estamentos, también significa sentir la vida exclusiva a través del flujo de cada vena. Por otra parte, hay quien se conformaría con la autoayuda no inteligente sino banal, además de con la posibilidad de elegir el menú de siempre, es decir, pastilla verde o pastilla roja, aunque sin olvidar que remueven la misma mezcla multicolor. ¿He dicho alguna vez que las aves tienen la opción de estar posadas o volar? Creo que sí, aunque con otras palabras. Y en sus mentes pajaroides, saben por qué hacen lo que hacen. Vuelan doble. En definitiva, este es el primer post de una trilogía en la que, como el agua que trae la lluvia, se abarcarán comentarios y recuerdos de otro mes que nunca volverá y que sin embargo ha dejado su poso, bueno y malo, aquí y allá, pero poso al fin y al cabo.
Febrero brotó en forma de riada, producto de deshielos reforzados por ligeras lluvias. Durante los dos primeros días, la cantidad de agua del Bernesga fue creciendo de forma evidente, aunque sin llegar a los límites del pasado año. Después se mantuvo y, muy poco a poco, fue disminuyendo el nivel hasta casi reflejar el cauce habitual. De cara a la observación de fauna, siempre hay que prestar atención a estas cosas, pues otorgan experiencia y permiten hacerse una idea del panorama inmediato. Por no hablar de los motivos de seguridad, dado el peligro que supone acercarse a unas orillas tan reblandecidas y peligrosas como las arenas movedizas. Han sido días de avecillas corrientes y molientes, verdaderas protagonistas de la supervivencia ante la cruda intemperie. Aquí dejo unas fotos de los dos primeros días del mes, escogidas con toda intención, que aúnan y entretejen lo telúrico y vivo con lo estrictamente simbólico, que es algo tan necesario e inamovible como fugaz, en función de su naturaleza. Entre ellas va una de la urraca Urko, gran jefe de Isla Bernesga y del barrio de enfrente.
Quiero hacer un inciso en el día tres, pues viví una bonita anécdota que contaré en breve. La mañana se desarrolló de forma tranquila, abrazada por un caudaloso Bernesga que clamaba a Orinoco y por algunas aves que se tomaban el asunto con pajarera filosofía. El barro había creado su costra en determinadas zonas, así que había que pisar con precaución.
Ya de tarde, pasé por la cascada de los leones y pude ver que sobre las rejillas de la escalinata había varios peces muertos. Tras hacer algunas fotos, estuve un par de minutos observando los árboles y la soberbia e impactante masa de agua que actuaba como un imán para mis sentidos.
No tardó mucho en pasar por allí un dinámico y expresivo Border collie, juguetón y corredor como él solo. Su dueño, un chico bastante joven que poco después se presento como Raúl, también se acercó a fotografiar los citados peces muertos, motivo por el que entablamos conversación. Según él, la propia fuerza del agua habría acabado con su vida, en un mal golpe, algo bastante razonable. Le pregunté si era un estudiante de biología o algo similar, y me contó que estaba preparando unas pruebas de acceso para poder ejercer como Agente Medioambiental de la Junta de Castilla y León, profesión que, tal y como afirmó, se corresponde completamente con su propia vocación, pura y dura. Con permiso y grabadora en mano, le pregunté sobre su interés hacia los temas relacionados con la naturaleza.
”Mira, la naturaleza me ha flipado desde que era un enano, pero de una manera chulísima. Y sobre todo las aves. Recuerdo que cuando era pequeño, tendría unos doce años, la gente pedía a los reyes cualquier maquinilla de videojuegos y todo eso. Yo pedía una guía de aves. Entonces, desde ahí, lo he ido arrastrando. Y bueno, he tenido épocas durante la vida en las que me he distanciado un poco de este tema, ya sea por estudios o por temas familiares. Pero aquí estoy a día de hoy… pues eso, un paso más cerca de lo que quiero. He aprobado el primer ejercicio y muy pronto tengo el siguiente, es estresante pero estoy en ello”.
Poco antes habíamos hablado del precioso perro pastor que le acompañaba, de nombre Numa. Entonces le pregunté acerca de su relación con tan expresivo Border collie y con el mundo de los canes, en general.
“Siempre me ha flipado cualquier animal viviente y que no sea humano, que no pueda hablar y que tengas que sentir lo que piensa a través de la mirada, es algo que me… que me flipa. Cuando era pequeño, recuerdo que mi familia, en el pueblo, tenía mastines, aunque nunca tuve mi propio perro. Este el primer perro que tengo, tiene seis años y es la cosa que más quiero en el mundo. Le puse Numa por Numa Pompilio, segundo rey de Roma. Y le he enseñado muchísimas cosas, sabe hacer un montón de trucos que ya te enseñaré ahora en cuanto acabemos esto”.
Claro, tuve que preguntarle algo que suele venirme a la mente cuando observo a los animales junto a sus responsables:
-¿Por qué escogiste un Border collie?
“Porque me lo regalaron. Yo tenía pensado adoptar un galgo, y, de forma sorpresiva, mientras estaba estudiando, me trajeron un cachorro de un mes y medio, no me lo podía creer. Estoy muy contento con Numa”.
No es de extrañar, es un perro inteligentísimo que además está enseñado a realizar ejercicios y ligeras acrobacias al son de las órdenes de su dueño, así como velocísimas carreras. No se separa de su juguete, típico disco volador de goma dura que maneja a voluntad. Cogerle afecto es muy fácil, dado lo entrañable de su comportamiento y de su cristalina mirada.
Como puede observarse, tuve la oportunidad de hacerles unas cuantas fotos para inmortalizar el bonito momento. Después de este día, Raúl y yo nos hemos visto más veces por el curso del río, así que hemos podido hablar sobre temáticas de naturaleza y sobre nuestras respectivas cámaras fotográficas. Es una alegría encontrar a alguien tan joven, responsable e ilusionado, además de tan noble de corazón. Creo que tiene un gran futuro por delante y que su compromiso con el equilibrio natural del entorno es auténtico; algo esperanzador, como mínimo. Así que aprovecho estas líneas para agradecerle su buena actitud y ese talante serio pero muy amable con el que suele abordar las conversaciones. Por cierto, las urracas acudieron al festín, mientras la paloma torcaz observaba la escena desde muy cerca de la mesa del banquete.
La primera y última nevada de febrero se produjo en la madrugada del día cuatro. Actuó como un rescoldo de las que se produjeron en enero, y los copos estuvieron cayendo hasta primeras horas de la mañana. Aunque la frágil capa de nieve se mantuvo bastante rato, poco a poco se fue diluyendo de algunas zonas. Los árboles expuestos al sol fueron quedando libres de capa blanca, mientras que otros tardaron horas en despegarse el hielo escarchado de encima. En el Parque de Quevedo, la hierba estuvo cubierta casi toda la mañana, y las huellas de los pavos reales crearon y recrearon una obra reconocible y, ya, imposible salvo en fotografía para la posteridad. Real maestría, asimétrica pero no menos geométrica, de aquellos que fraguan los rumbos infinitos mientras dan vueltas sobre un pequeño tablero, sin estorbarse entre sí. Lo cierto es que, en pocas horas, los suelos quedaron empapados de brillante transparencia y todo se evaporó como en un sueño. El siguiente bloque de fotografías es cronológico, y refleja muy parcialmente algunas de las escenas que pude captar. El hielo, la escarcha, la nieve, la generosa humedad, son elementos tan mágicos como peligrosos, por eso son deseados y repudiados al mismo tiempo. A las aves les importa todo un pepino, y al pavimento, un pimiento. Y la anteriormente citada actitud hacia la materia simbólica no ceja en su empeño, mediante un juego de analogías, comparativas y relaciones, de pistas y objetivos, que sin ser ni mejor ni peor, es tan necesario como preciso a la hora de, al menos, poder diferenciarse un poco de tanta y tanta calcomanía soporífera.
Y la lluvia, elemento indispensable y especialmente significativo, bañó tímidamente los despertares del siguiente día. Hermoso espectáculo el de ver salir el sol tras un chaparrón de febrero y, de paso, observar como los goterones se aferran a la vida pendientes de un hilo de muerte que les llevará a desaparecer bajo los pies de algún ingrato paseante. La muy escueta serie de fotos, que abarca dos días, termina con la segunda imagen del gran tronco bajo la pasarela, saliente pero atrapado, enorme pero inevitablemente volátil ante el poder de la furia del sagrado Bernesga.
Por otra parte, aquí comparto una de las secuencias de pesca de la garza real, de algunos días después y realizada foto a foto, clic a clic, sin disparos a chorro, algo que nunca me ha gustado porque creo que rompe toda la emoción que incita a recabar fotografías de momentos fugaces. Prefiero fallar e intentarlo de nuevo y no tener que lanzar una perdigonada para ver si cae algo ¿no es esto parte del espíritu de la actividad fotográfica, mantener la emoción por superarse aunque sin querer, a toda costa, lograr aquello que pensamos que no vamos a obtener mediante un único y arriesgado flechazo? Esto que digo es políticamente incorrecto, claro y profundo al mismo tiempo, soy consciente. Volviendo a la secuencia y a su básico planteamiento, el zoom se va modificando y reajustando rápidamente entre algunos clics, mientras el animal se desplaza a lo lejos sin dejar de actuar. Como ejercicio visual y práctico, considero que tiene mucho valor. Las tomas van en orden correlativo, a excepción de la última imagen, ya de descanso tras una ingesta que decidí grabar en vídeo. Sin integrar imágenes perfectas, considero que la serie es bastante sugerente, pues muestra la fina precisión que, desde los pétreos posaderos alternativos, ha de aplicar la reina del río a la hora de procurar su alimento y llenar el buche cuando las grandes aguas dominan el cauce. En la última entrega del mes pasado puse una secuencia similar, reducida a tres fotografías, una de planteamiento y dos de detalle. La presente tira gráfica ofrece mayor desarrollo porque llega hasta el punto en que la faraona ya ha engullido el considerable pez que logró capturar en aquel momento de aguas revueltas.
Creo que por hoy no hace falta decir más, así que aquí va el último bloque de fotos, en su mayoría de preciosas aves comunes en la ciudad y en el campo, limitadas por una escasa pericia con los botoncitos y por lo básico de mi equipo. Otras son de puntuales escenas de calle e incluso de tipo retrato, con personas y animales carentes de pico y alas. Entre todas ellas representan lo que vi y pude plasmar mediante el hilo invisible. Claro, carecen de nutrida vistosidad y nunca irían a concursos, porque aunque sirviesen para ello, ni se me ocurriría jugar a semejante asunto. Y sin embargo, sé que harán felices a unos cuantos seres que apreciarán el hecho de compartir estas pequeñas experiencias. En medio van algunas imágenes transitivas y de conexión, que me parecen muy interesantes para observar algunas cosas de apariencia simple y a su vez poder reflexionar sobre ellas. Porque como bien decía un buen amigo que ya no está, “las matemáticas son simples, pero no son sencillas”. Pues podría aplicarse el cuento a conceptos mucho menos aritméticos, como la interpretación ante un suelo sugerente, unas bayas mojadas, un rostro inamovible o una simple flor que clama a la primavera, cuya belleza sobre la hierba vuelve a recordarnos que no somos nada, o que más bien, nada somos. Las especies mostradas en todo el artículo son las siguientes: ánadereal, caballo, cernícalo, chochín, cogujadacomún, colirrojotizón, cornejanegra, escribanosoteño, estornino, garcetagrande, garzareal, gorrión, herrerillo, lavanderablanca, martínpescador, mirlo, mosquitero, palomabravía, patocriollo, perro, petirrojo, trepadorazul, urraca, zorzal.
Gracias por leer, hasta la segunda parte de “Aguas de febrero”.