Silencios en el auditorio cósmico.

El 22 de marzo de 2014, en pleno proceso de asimilación del por entonces triste y reciente fallecimiento del gran maestro Paco de Lucía, escribí este texto en homenaje al que siempre he considerado como uno de los más grandes músicos de todas las épocas. Esta breve carta a posteriori fue maquetada en una publicación física sobre estilos musicales que nada tenían que ver con la guitarra flamenca, y al poco tiempo salió en papel. Aún guardo el original. Con todos mis respetos a la memoria de don Francisco, he aquí un rescate compartido para la posteridad.

En este mundo gobernado por dioses y demonios… muy en ocasiones… se fraguan seres únicos. Estrellas que nunca se apagan. Con su impronta consiguen traspasar las almas, sin importar condición, raza ni credo.

A pesar de la certeza que proporciona ser una leyenda en sí, absoluta y en cualquier ámbito… la humildad, la claridad, forman parte del compendio. Equilibrio. Leyenda forjada con dedicación, sudores… felicidad y risa. Leyenda de humanidad, destreza y proyección, de las que causan impacto.

Y todo ello sin perder la sobria noción de conocer el suelo que se pisa: la vida… con errores, aciertos, llantos… pero sin hipocresías. Regalando generosidad, mucha.

Grandeza, la del que habla sin hablar, del que transmite de forma universal. Pues mediante su expresión y sentimiento, es capaz de hacer brotar lágrimas, provocar alegrías, leves sonrisas e incluso nerviosas carcajadas de emoción incontenible: a profanos, intelectuales, profesionales, aficionados… sin excepción. A mendigos y reyes. Y la del que cuando ejerce su lenguaje cotidiano, abruma por su sabiduría. Destilando acento de su tierra… a pesar de haber recorrido varios “mundos”.

E instantáneamente, pasa a formar parte de la orquesta de los siglos y para los siglos, la de los ELEGIDOS.

Un juego entre demonios y dioses… ni siquiera ellos lo han evitado. No nos permitirán volver a sentir su latido, su pulsación. Porque no han querido hacerlo. Nos han robado. Y ahora vibran, rendidos ante los sonidos mágicos ¿Podéis sentir las miradas expectantes, oír sus risas, aplausos, su desconsuelo, en el gran auditorio cósmico, mientras brillan los trémolos, arpegios, rasgueos, los picados… y los angustiosos silencios?

Sí, nos han despojado de parte del alma. Sin avisar. Sin motivo aparente… y a traición. Pero no podrán despojarnos del recuerdo. Nadie. Ni los demonios… ni los dioses.

Eso es algo que solo los seres excepcionales podrán “robarnos”. Porque su ARTE, personal e intransferible, plagado de condición humana, se encuentra muy por encima de toda «divinidad». Y su LEGADO es INMORTAL.

Texto: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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