El patio de los vencejos

Caminar a contracorriente, trazar el camino para poder vislumbrar aquello tan oculto como cotidiano… o quizá evadirse, huir de la bien instaurada cacofonía monocorde. El hecho de llevar casi cinco meses sin publicar artículos, podría conllevar doble dirección: continuar en la sequía bloguera o decidir abrir brecha mediante la ruptura de la tradicional y ahora silenciada hoja de ruta. De hecho, esta segunda vía es la que más me atrae, aunque soy consciente de la dificultad que entraña hacerse cargo de una mochila llena de metafóricas piedras, plena condensación de experiencias humanas, caninas y pajareras, principalmente. Bullen demasiadas conversaciones, fotografías, evoluciones ornitológicas en época primaveral, es decir, en plena emulsión de la vida mediante el nacimiento, la lucha por perpetuarse y el posterior volado de los pollos de casi toda especie. Hay dos frases que me vienen a la mente, pertenecientes a un mismo monólogo del film Blade Runner (1982, Ridley Scott):

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais”.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.

En relación a la segunda y aplicando la correspondiente analogía, quiero pensar que no, dado que me importan y los valoro. No han de perderse, ni en lo relativo a los citados asuntos ni en lo que atañe a otras “músicas” traídas por los vientos de Estigia. Y en realidad es algo impredecible, Zeus, Crom e Isis proveerán. Los buenos recuerdos no van a borrarse, mientras que lo insulso ya está fuera de combate, de antemano. Es lo que tiene un blog, que permite publicar o dejar de hacerlo. Antes de continuar, quiero agraceder su confianza a quienes han compartido sus experiencias conmigo en los últimos tiempos, también a las personas que me han permitido retratar a sus perros o a ellas mismas, porque cada día aprendo un poco más en base a mis propios errores, y porque en esos momentos de apertura es cuando se encuentra una de las verdaderas razones de ser.

Así que de momento, y en forma de simple introducción dedicada a quienes están o han estado pendientes de estas publicaciones y a aquellas personas de las que hablaré a continuación, me apetece compartir algunas capturas fotográficas de aves, todas logradas en un relativamente reciente periodo, aunque también insertaré imágenes de otras especies animales. No puedo expresar las emociones vividas a través de esta intensa experiencia de escape plasmada en miles de fotografías durante los últimos cinco meses, no es el momento de teclear las sensaciones de la preinmediata memoria regresiva, así que espero poder hacerlo más adelante. Y sin embargo, tampoco puedo ni quiero retomar la actividad bloguera mediante este artículo sobre música y músicos sin conectarlo con ciertas rutinas previas e inspiradoras, pues hablar de naturaleza y aves es hablar de silencio y de fragilidad, de vigor y de belleza, de prudenciales distancias cortas y de lejanos sonidos de cuco, de cantos angelicales y de códigos del bosque, de rango auditivo y de percusiones selváticas, del rumor del río y del aire furioso que atruena sobre los enormes chopos y cumple sus funciones, entre otras maravillas. Por cierto, estos conceptos apuntan hacia la necesidad de evitar una debacle: la de un mundo que se agota, que cambia de rumbo y se consume a marchas forzadas, y no solo por el fuego que abrasa e impera a voluntad del demonio encarnado, sino por la paralela desaparición progresiva de los ambientes rurales y de las neolíticas costumbres milenarias, tales como sembrar la tierra, criar ganado, mantener los sistemas tradicionales y las artesanías o vivir de forma relativamente equilibrada con los parámetros telúricos. Cuando las derivas antropológicas, cinegéticas, etológicas, agrícolas, así como los modos de supervivencia, están en manos de Asmodeo, mal asunto.

¿Que qué tiene que ver todo esto con la música? Para mí, respecto a lo coherente, todo. Las sensaciones producidas por la conexión con los espacios naturales podrían mantener analogías con la sensibilidad o la furia de una obra sónica, sea de Frédéric Chopin, de Enrique Granados, de Antonio Carlos Jobim, de Miles Davis o, tal vez, de incipientes aunque experimentados compositores sinfónicos que encaminan las miradas hacia lo que sus instrumentos, sus corazones y sus mentes les dictan. Porque quien se compromete y hace música a estos niveles, se erige, lo sepa o no, en contrapeso ante la debacle. Así que allá vamos con esta transición visual. En orden alfabético, las especies puntualmente escogidas y mostradas en todo el rango del artículo son las siguientes: abubilla, ánade real, alcaudón dorsirrojo, burro, caballo, cabra enana, chochín, cigüeña, cigüeñuela, colirrojo tizón, collalba gris, corzo, estornino negro, garza real, gato, gorrión, halcón peregrino, herrerillo, jilguero, lagartija roquera, lagarto ocelado, lavandera blanca, lavandera boyera flavissima, mariposa, martinete, milano negro, mosquitero, mulo, paloma bravía, paloma torcaz, pavo real, perro, petirrojo, ranita de San Antonio, ruiseñor, sapo corredor, tórtola turca, urraca, vaca, verdecillo. No hay una sola de todas ellas, ni una, que comprenda la locura diaria. Y esta pureza no puede tasarse, es invaluable por defecto. Así que desde este preludio reivindico lo rural, lo artesano, el equilibrio entre el silencio y los sonidos de una lógica natural y cordialmente instrumental, sin olvidar el imprescindible eco de la voz humana. Puedo ser bastante más metafísico, pero no más claro.

Hace casi dos años, tuve la oportunidad de entrevistar a numerosos músicos relacionados con la Fundación Eutherpe, dirigida por Dña. Margarita Morais Valles, incombustible defensora de los auténticos valores necesarios para la armonía y la convivencia, en las actividades humanas y musicales. Todo comenzó con la asistencia a un concierto de Guillermo Díaz, joven violinista y compositor leonés que mantiene excelentes relaciones con el ámbito de la Fundación Eutherpe y que desde hace años es miembro de la Joven Orquesta Leonesa. Si alguien tiene interés en el escrito que llevé a cabo sobre la citada actuación, puede acceder a través del siguiente enlace:

https://vientosdeestigia.es/guillermo-diaz-the-lost-hope

A partir de ahí, las cosas sucedieron tal juego de la oca, y por causa de la generosidad de Margarita Morais, con la que en aquellos días mantuve largas conversaciones, traté con instrumentistas de diferentes edades y niveles, así como con los maestros que les marcarían las directrices durante el XX Curso para Pianistas, Directores y Joven Orquesta Leonesa (JOL), cita anual organizada y coordinada por la Fundación Eutherpe. Uno de estos alumnos fue Ferran López Carrasquer, talentoso músico valenciano que ya llevaba una serie de años participando en el curso y que en esos momentos se encontraba preparando una obra de F. Chopin para piano y orquesta, Concierto nº 1 en Mi menor, Op.11. Días antes de que presentase el primer movimiento de la pieza en el auditorio del Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid, junto a la JOL, le propuse la grabación de una entrevista con sesión adicional de piano, algo que pudimos llevar a cabo y cuyo resultado continúa disponible en este enlace, en forma de dos bloques audiovisuales:

https://vientosdeestigia.es/entrevista-a-ferran-lopez

Sin duda, ese proceso nos acercó a nivel profesional y de amistad. El pasado año, Ferran acudió a la XXI Edición del Curso para Pianistas y Directores, en este caso como alumno de dirección y con la finalidad de dirigir a la propia JOL. Me llamó con la intención de saludarme y charlar un rato, así que quedamos para cenar al lado de la catedral y me puso al tanto de sus evoluciones musicales. Allí ya hablamos de posibles colaboraciones en el caso de que algún día se diese la ocasión. Y el 20 de junio del presente año, recibí un mensaje de texto en el que me invitaba a asistir ese mismo día a la Sala Eutherpe para poder ver su concierto de piano, en el que iba a interpretar la suite “Goyescas” del compositor español Enrique Granados (1867-1916). No pude ir, pero hablamos al día siguiente y me puso en antecedentes: Ferran, que recientemente se ha trasladado de Madrid a Alemania por motivos de trabajo y con visos de quedarse una buena temporada, iba a estar toda la semana en León, pues el día 28 volvía a tocar en la Sala Eutherpe, esta vez en compañía del anteriormente citado violinista Guillermo Díaz. Ambos músicos presentaban sus propias obras, mediante formaciones de solo, dúo y trío, junto a la violonchelista Guadalupe Benítez. Además, en menos de tres semanas, Guillermo Díaz iba a ver estrenada su obra sinfónica “Rostam y Shorab” en el Auditorio Ciudad de León, interpretada por la Joven Orquesta Leonesa.

En medio de la emoción que todo esto hacía aflorar, Ferran aludió a las grabaciones de piano de la entrevista realizada en 2024 y me propuso grabar la suite “Goyescas” en una sola sesión, hecho que llevamos a cabo de idéntica forma que la vez anterior: misma sala, misma iluminación, mismas cámaras (esta vez con algún apoyo de dispositivos telefónicos), mismos micrófonos y mismo sistema de grabación. El obligatorio silencio, absolutamente necesario para plantear una situación así, bramaba en la sala mientras las teclas del mítico Yamaha entonaban trinos y preciosas dinámicas, en un nivel que aunaba una madura sutileza interpretativa con la emoción del momento.

La verdad es que la experiencia resultó fantástica, y pudimos registrar con éxito las ocho piezas correspondientes, dado el intenso conocimiento de la obra y la enorme pericia instrumental por parte de Ferran L. Carrasquer, quien ha dedicado toda la grabación a su queridísima amiga Margarita Morais, excelente anfitriona que a su vez es poseedora de un extraordinario criterio musical. Por cierto, ella ha quedado encantada con las interpretaciones. Aquí dejo un enlace con la pieza “El pelele”, a modo de muestra. Hay que señalar que el audio ha sido muy levemente retocado por Ferran, mediante una ligerísima ecualización que en realidad no desvirtúa lo más mínimo el sonido original y resulta muy funcional de cara a la exposición y a la edición.

Durante esos días de preparativos, grabaciones y posterior volcado al ordenador para su sincronía y mezcla, también pude asistir puntualmente a los ensayos con el trío, ante la inminente actuación del día 28 de junio. Ferran tocaba las piezas para piano compuestas por Guillermo Díaz, mientras el propio compositor leonés revisaba cada página y las iba pasando. Igualmente sucedía en el dúo de piano y cello. En este caso, quiero señalar la grata sorpresa que supuso el haber podido disfrutar del talento de Guadalupe Benítez, solvente, brillante y original intérprete cuyo instrumento suena de forma magnífica en cuanto a claridad y matices, elementos beneficiados por la excelente proyección de su propia resonancia. Entre tragos de agua y de refresco, les hice algunas fotografías y pude disfrutar de sus interpretaciones parciales, que ya me ponían en antecedentes ante lo que posteriormente interpretarían de forma intensa y extensa, pues tenían previsto realizar una actuación de casi dos horas en dos partes, primero con las piezas del violinista leonés y después con las del pianista valenciano. De esos días, rescato estas tres fotografías por lo que me transmiten en conjunto.

El sábado, día 27, el trío ofreció un concierto previo en el Colegio Nuestra Señora del Carmen, en el aula de música de la Escuela Eutherpe. Fue una especie de ensayo definitivo para personas contadas, y lo grabé para montarlo y pasárselo como recuerdo. Los asistentes pudimos disfrutar de cuatro segmentos bien diferenciados que englobaron lo siguiente: en la primera parte, los preludios para piano compuestos por Guillermo Díaz y su obra “Sonata para cello y piano N.º 1 opus 4”, integrada por tres movimientos. En la segunda, los preludios para piano de Ferran L. Carrasquer y su obra “Trío en re menor opus 14”, de cuatro movimientos.

Guillermo y Ferran, tan distintos como complementarios, se reflejan de forma cómplice mediante una frase que surgió de sus conversaciones y fue apostillada posteriormente: “Uno mira hacia atrás mirando hacia delante y el otro mira hacia delante siempre mirando hacia atrás; con lo cual, siempre llegan a un punto común”. Esta especie de sentencia, cual juego de palabras que se muerde la cola en petición de principio, define muy bien lo que ambos compositores llevan a cabo. Sin entrar en detalles, simplemente abrazando algo que, tras la escucha del material, queda patente. Intensidad, dulzura, desasosiego, tensión, fuerza y sutileza, clasicismo, contemporaneidad y frescura, son términos que, de forma grosera, podrían tratar de definir algunos aspectos de la música ejercida por estos instrumentistas, cuya compenetración iba creciendo tras días de duro análisis y ensayo. La cosa prometía, y tras el concierto, recogimos el material y nos despedimos.

Al día siguiente, mi esposa y yo no íbamos a poder asistir a su actuación en la Sala Eutherpe, así que les deseamos lo mejor. El concierto fue registrado en audio por el grupo, y José Luis López, padre de Ferran, tuvo el detalle de grabarlo en vídeo, por lo que en pocos días pude verlo al completo. Al parecer fue un gran éxito, al público le encantó cada propuesta y agradeció el esfuerzo de los artistas. De hecho, a punto de abordar la recta final del concierto, a trío, Guillermo Díaz expresó esta frase de forma literal: “Antes de empezar, quiero decir que este es el primer concierto de este trío, que en honor a esta sala, recibirá el nombre de Trío Eutherpe, con la finalidad de transmitir a través de nuestra música los valores que Margarita nos ha inculcado a lo largo de todos estos años”. El emocionante aplauso fue instantáneo, y la interpretación puso de manifiesto que este grupo suena muy bien, solo queda esperar que continúen ensayando para ensamblarse lo mejor posible y que puedan seguir llevando a cabo sus poderosas y vibrantes composiciones. Las fotografías que vienen a continuación están realizadas por Eva Merino (**), a quien agradezco su amabilidad por cederlas puntualmente y por haberme permitido publicarlas junto a este texto. En ellas aparecen los integrantes del Trío Eutherpe junto al maestro de Composición César Viana, profesor de Guillermo Díaz. Margarita Morais también sale en una de las imágenes, por coyuntura pero a conciencia. Y me parece una escena muy simbólica.

Ferran pasó unos días en Madrid; antes de eso, me contó que estaba ultimando los detalles de su mudanza definitiva a Alemania y que en breve volvería a León, entre otras cosas para ver el estreno de la obra sinfónica compuesta por su compañero Guillermo Díaz. De hecho, me contactó al poco de partir de León, porque tras haber quedado satisfecho con las grabaciones de la suite “Goyescas”, estaba rumiando otro asunto más peliagudo: grabar los veintiún nocturnos del pianista y compositor polaco Frédéric Chopin (1810-1849). Un reto enorme que solo podría ser efectuado por alguien muy preparado. Ferran, de 23 años, me propuso llevarlo a cabo; así que antes de regresar a León, concertó la reserva de la Sala Eutherpe para que, sin prisa pero sin pausa, pudiésemos realizar el trabajo de forma exhaustiva y dejar la sala libre lo antes posible. El 14 de julio fue el día escogido para entrar a grabar, aunque finalmente tuvimos que acceder el día 15. A todo esto y de forma simultánea, la JOL se encontraba en León por motivo de su habitual semana de encuentro anual, que sería culminado con una actuación en el Auditorio Ciudad de León. El cartel, que llevaba días repartido por las calles de la ciudad, anunciaba la anteriormente citada interpretación de “Rostam y Shorab” (estreno absoluto) del compositor leonés Guillermo Díaz y la Sinfonía nº 6 en mi menor Op. 74, “Patética”, del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski (1840-1843).

Las sesiones de grabación se llevaron a cabo de forma sorprendentemente rápida. El día 15 de julio, en un pequeño fragmento de la tarde, pudimos grabar ocho nocturnos. Lógicamente, habíamos establecido un orden secuencial para la grabación, en función de la difucultad de cada pieza, de los cambios de intensidad y de otros parámetros. Poder decir que esos cortes ya estaban “tachados de la lista”, fue un alivio. Decidimos parar hasta el día siguiente para respirar y relajarnos ante el hecho de tener la sala casi a oscuras, con todas las ventanas cerradas a cal y canto y las cortinas bien desplegadas para, en lo posible, evitar irrupciones externas. Quedaban trece piezas, ni más ni menos. Nos tranquilizaba el hecho de haber calculado muy bien la colocación de los micrófonos y la ganancia de entrada, para evitar problemas ante posibles saturaciones en la grabación y así poder registrar el sonido del piano en un plano cercano, de forma limpia y fiel.

El 16 de julio empezamos a grabar por la mañana, una vez colocado y puesto a punto el material. En poco tiempo obtuvimos cinco piezas, de forma completamente satisfactoria. Tras ir a comer y sin saber si al día siguiente habría que volver a la sala, retomamos la sesión por la tarde y registramos los ocho cortes restantes, algo que aún considero como una especie de hazaña bélica. De nuevo, la sesión fluyó prácticamente del tirón, sin trabas, incluso regrabamos el Nocturno Opus 48 N.º 1 de cara a que Ferran pudiese realizar un teaser para sus redes sociales. Todo había salido bien, y la sala quedó libre en menos de media hora.

Hay que señalar que, aunque este compendio de veintiún números está conformado por piezas especialmente complejas y emotivas, hubo algunos que resultaron muy descarnados, como por ejemplo los nocturnos 13 y 14, grabados en la sesión final del día 16, y el nocturno 16, registrado el día anterior por la mañana. El propio Ferran los terminaba completamente emocionado. No se podía cantar victoria hasta que el último milisegundo del silencio posterior al sustain producido por la nota final nos permitiera decir “ya”. Sin entrar en detalles sobre la profesionalidad y el compromiso de Ferran L. Carrasquer en tanto a atreverse a abordar este proyecto, lo que de por sí constituye un reto admirable, debo decir que, de alguna manera, el placer de haber podido asistir a semejante concierto privado, es algo que no tiene precio. Bueno, sí, el de guardar un silencio sepulcral y no poder mover un músculo ni rozar la ropa, mientras me mantenía detrás del piano, en plena moqueta, para asegurarme de que las cámaras solo captasen lo que había que captar: el vacío, la íntima oscuridad bañada con tímidos focos y unas manos privilegiadas que producían sonidos mágicos, de forma hábil y portentosa.

Hice una fotografía del libro de partituras empleado en la grabación, y de ahí surgió el que Ferran me contase una vieja anécdota:

Cuando tenía ocho o nueve años, mis padres me compraron por mi cumpleaños el primer teclado electrónico que tuve, el primer piano. Y ese piano venía acompañado de un libro de partituras que incluía a varios autores: Chopin, Beethoven, había un montón de cosas. Y la primera de las piezas era el nocturno de Chopin Opus 9 N.º 2, que es ultraconocido, en mi bemol mayor. Entonces, yo, digamos que… me enamoré de la pieza y, durante un año solo toque eso. Y creo que mis padres, viendo lo que sucedió, me llevaron a la tienda de partituras que había en Valencia, que yo no sabía que existía. Y como regalo y primer libro, de hecho, me compraron el de los Nocturnos de Chopin y El clave bien temperado de Bach”.

Al igual que días antes con “Goyescas”, Ferran decidió imprimir a cada audio una finalización sonora especial. Aquí mismo dejo una muestra de nuestro trabajo, mediante esta pieza entrañable, la número 21 de la compilación, grabada al final de la primera de las sesiones:

Quedaban tres días para la actuación de la JOL, que se encontraba repartida en diferentes emplazamientos de la ciudad, realizando ensayos por secciones. He aquí una muestra fotográfica obtenida por Margarita Morais (***), amablemente cedida para esta publicación:

Durante los días 17 y 18, casi sin parar ni para respirar, Ferran y yo estuvimos volcando en mi ordenador todo el material audiovisual de las dos jornadas anteriores. Había que dejar todo bien organizado, y para mí era interesante que el propio artífice revisase ciertos detalles de las largas grabaciones. Tras comprobar que todo estaba en su lugar, el sábado 18 nos fuimos al Colegio Nuestra Señora del Carmen, sobre las 19:00 horas. Además de ver a Margarita Morais, con la que Ferran había quedado, aún teníamos que grabar unos cortes de entrevista en los que Ferran explicaría los motivos por los que se había decidido abordar la grabación de “Goyescas” y de las piezas de Chopin. No habíamos comido, y Margarita quiso tomar algo con nosotros cerca de la catedral. Le contamos que todo había salido bien, y se alegró muchísimo. Tras agradecer su proceder, estuvimos charlando un rato y regresamos al colegio para terminar el trabajo. Apuntalo este bloque de texto con varias imágenes de esa tarde, y lo sello con la hermosa fotografía que pude hacerles un rato después a Margarita y a Ferran. Considero que transmite muy bien la reciprocidad de apoyo, cariño y respeto entre ambos.

El día 19, mi esposa y yo acudimos a la actuación de la JOL, teníamos las entradas desde hacía algunas semanas y estábamos deseando escuchar las obras, sobre todo la pieza épica de Guillermo Díaz. Haber logrado un reto así no es producto de las casualidades, más bien de un trabajo incansable, de horas y horas creando y revisando partituras, principalmente. Tras el anuncio de la actuación y la entrada de la JOL, dirigida por Jorge Yagüe, Guillermo Díaz realizó una síntesis verbal de la obra, en modo de presentación expositiva. Una vez llevada a cabo, se sentó en primera fila y se prestó a escuchar. La verdad es que la música resultó sorprendente e impactante, pulcra, muy cuidada y calibrada en tesituras e intensidades, bien ambientada para evocar la antigua civilización persa. Tras esta gran pieza que la JOL interpretó de forma excelente y con especial emotividad, pues no es habitual que un colega de filas entregue semejante obra a sus compañeros para poder ser llevada a cabo en un auditorio profesional, el público aplaudió entusiasmado. Otro éxito, pero aún no era el momento de saborearlo en condiciones. Guillermo Díaz subió al escenario para sumarse a la plantilla instrumental y desgranar la Sinfonía nº 6 en mi menor Op. 74, “Patética” del maestro ruso Piotr Ilich Chaikovski. Como uno más, con la vista en el papel, se sumergió entre el maremagnum de violines y se dejó llevar por una ola sónica que, a su vez, emanaba hacia el público asistente desde la unidad formada por los músicos. Todo salió muy bien, y la jornada quedó sentenciada para la posteridad y para la historia. No llevé la cámara, así que carezco de fotografías del acto, pero inserto una que, de nuevo y muy amablemente, me ha proporcionado Margarita Morais (***).

Llegó el día 20 de julio. A las 15.30h, Ferran debía coger un autobús para irse a Madrid, así que me acerqué a la estación para despedirle. Charlamos sobre la actuación del día anterior y sobre la excelente obra de Guillermo, principalmente y más allá de otras cuestiones. Después de desearle buen viaje, nos despedimos y cada mochuelo se fue a su olivo.

Recapitulando sobre los días anteriores, me gustaría señalar algo muy bonito y relacionado con estas vivencias: durante todas esas jornadas de preparación y puesta en práctica, Ferran y yo pudimos hablar de multitud de temas. Sobre todo de sus espectativas en Alemania, algo que le ocupa la mente por causas lógicas, aunque también se mostró muy interesado e ilusionado con la continuidad del Trío Eutherpe. Por supuesto, llegado el momento tuve ocasión de mostrarle algunas de mis piezas musicales, viejas y no tanto; esto nos dio pie para conversar levemente sobre nociones de armonía y temas relacionados, algo que fue de lo más entretenido. En todo caso, hubo algo que ambos compartimos sin fisuras: el reconocimiento a la influencia de la música de Frédéric Chopin y de Enrique Granados sobre casi todo lo que, muchísimos años después, continúa vigente. No quiero dejar de mencionar el recuerdo que Ferran tiene sobre sus maestros, algo que sigue forjando su carácter y que posiblemente le marcará para siempre.

Gracias a Margarita Morais por haberme abierto las puertas a su universo de sabiduría, por tener paciencia y derrochar generosidad. Con su apoyo y confianza, ha conseguido ver brotar la felicidad en miles de personas. Cada vez que pienso en ella, recuerdo el patio de los vencejos, ese lugar mágico e inspirador en cuya galería se dan cita muchos músicos y en el que el silencio suele ser cortado por las notas de algún piano o por las discretas voces de las hermanas carmelitas. El director de la ópera, tan impasible como sereno, mueve los hilos y teje su trama de bondades, a golpe de alas, de campana, de teclas, de sonatas y de callada Palabra. Allí, los símbolos sugieren un orden equilibrado y proyectan su aura hacia el mundo para intentar que este sea un poco mejor. En ese espacio se han fraguado proyectos gigantescos, con muy poco, aunque aplicando toda la fuerza de voluntad.

Gracias también a Celeste Carrasquer y a José Luis López por su esfuerzo, total amabilidad y cercanía. De nuevo, mi agradecimiento a Eva Merino por el aporte de las fotografías correspondientes. Y a Ignacio Coello, por su profesionalidad a la hora de ajustar el piano de la Sala Eutherpe. Sé que después de subir el presente post, todavía queda trabajo por delante, aunque siempre habrá un hueco para ir a ver a mis queridos alcaudones, ruiseñores y mosquiteros. Pronto volarán lejos, al tiempo que nos visitarán los papamoscas cerrojillos y grises, volverá el mirlo acuático y se dejará ver el martín pescador. La vida continúa, las aves vuelan y las personas viajan, pero también son estacionarias; depende de cada especie, de cada especialidad y del ritmo vorticial de las propias esencias: casa a cuestas o un hogar en cada puerto. En todo caso, deseo a los jóvenes músicos que no dejen de surcar las alturas, siempre con el casco y el cinturón puestos, por si acaso, pero sin miedo a hacer kilómetros y a crecer musical, humana y culturalmente. Son los maestros del futuro, aunque tal vez ya del presente, pues mañana deja lejos a ayer. Ahí queda esa responsabilidad. El mundo gira demasiado rápido y hay que sujetarse muy bien en las curvas. Que los purificadores vientos de Estigia y los sabios vencejos os acompañen siempre, y que el sagrado río Bernesga os ampare con su agua de vida. Recordad que las garzas, reinas del río y del foso de las faraonas, os vigilan de cerca. Y ante la locura imperante, agradecen vuestra música. Aprovecho para enviar un fuerte abrazo para todos los compatriotas afectados por los terribles incendios, mucha fuerza. Un saludo y hasta el próximo papiro.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Material gráfico cedido puntualmente para este artículo:

Fotografías (**): © Eva Merino. Fotografías (***): © Margarita Morais.

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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