Termina un año crudo y cruel. Las barreras se han roto, y contener el disparatado flujo no será fácil, ya que ha sido insuflado de cara a acometer un nuevo «calendario» que servirá de guía para que, sin duda, el maldito ángel exterminador pueda continuar con su deriva favorita. Lejos de quedar atrás, los rescoldos de recientes y tristes acontecimientos… brillan y atruenan con más rabia y desesperanza, si cabe. Es lo único que queda a quienes lo han perdido todo, a quienes hoy no tendrán ni para tomarse una miserable copa de bebida burbujeante, a quienes ya carecen del calor verbal y humano de ciertas personas afines y queridas con las que convivían hasta no hace demasiado. Obviar esto es casi imposible, tanto si se reside en León, al amparo de un aparente “buen recaudo”, como en cualquier otro lugar de este país. Lo que duele, duele.
No se me ocurre otra forma de cerrar el terrible 2024, y así me apetece hacerlo. Cada cual que entienda lo que pueda o quiera, si quiere y si es que puede. Suene como suene. Por cierto, aún estamos en tiempo de Navidad, aunque la festividad concreta haya pasado hace pocos días.
Aprovecho este último post del año para poner unas cuantas imágenes recabadas desde hace un par de semanas. Están escogidas entre muchas, dispuestas en orden cronológico. Y no muestran todo lo que hay, pero pueden ser tán válidas como otras de corte similar. Así que las que cierran el post son de esta tarde; y la última de todas servirá para invitar a una reflexión: lo mismo que el sol se refleja en las frías aguas y muere en ellas, estas darán cabida a un nuevo día, a un nuevo año, al calor del nuevo y helado amanecer. Eso sí: a la aves, monumentos, edificios, árboles, ríos… les importará un pepino, no entienden de esto y su existencia discurre por instancias asimétricas, diagonales, incluso por ficticias intersecciones que nos muestran lo posible de lo imposible. La belleza es belleza, no se puede definir… se capta o no. Tal vez pueda ser encontrada en lo más fugaz y sutil, aunque hay que reconocer que, al menos un fragmento de ella (para no pocas personas, cada día más), la mayoría de las veces… tiene alas. Y como las ilusiones, vuela. Fuerza. Hasta el próximo papiro.