Entre el fin y el inicio, no existe barrera, más bien solapación ineludible, y más allá de programaciones horarias o de calendario de costumbres. Estamos a día trece de enero de 2025, y hay luna llena. Sí, casi dos semanas, convencionalmente hablando, y el maravilloso entorno natural continúa en pleno desarrollo. Lo bueno del paso del tiempo es que, gracias a los vórtices invisibles, nos permite mirar atrás con cierta perspectiva. Incluso con comparativa… o tal vez todo lo contrario, dependiendo de cómo se afronte, de cómo nos veamos sumergidos en la espesa niebla del día a día y en las experiencias correspondientes. ¿Que a qué viene este rollo vorticial?
“Cada mochuelo a su olivo”.
La luz de estos trece días ha jugado su partida de muchas formas, a capricho. Además, cada cámara la capta a su conveniencia, a su estilo, independientemente de cómo se maneje o de cómo haya sido “bautizado” el citado y manejable engendro monocular. A veces ofrece resultados impensables, extraños, amables, sugerentes, suaves, borrosos… que simplemente resultan una mezcla de afinidades entre sujeto y predicado. Y más allá de la calidad final, hablando de técnica y de tecnología, lo que importa es la intención. aunque también el corazón puesto en retratar a cada pequeño animalito, pura belleza ilusionante en un mundo frío y decadente.
En este período he podido ver fotografías mágicas, algunas extraordinarias, realizadas por otras personas cercanas que también aman esta afición. Lo más importante, en todo caso, es la cita en sí, así como la situación reflejada para la posteridad; y claro, esa impronta diferenciadora del punto de mira único e intransferible que cada cual lleva implícito. Conocer a buena gente con la que compartir afinidades y además poder aprender, es tan necesario como impagable.
Aquí dejo insertadas algunas de las capturas que he realizado en este reciente periodo, en forma de nutrido bloque multicolor y sin textos intercalados, para quien quiera disfrutar de ellas. No están todas las especies que he podido ver, ni la secuencia sigue un orden cronológico (tal vez el único término tan “lógico” como ilógico dentro de las numerosas convenciones del propio Cronos, con las que se nos doma y modela a voluntad). La cordura siempre rezuma en el lado de lo salvaje, con coherencia y adaptación perfecta. Que se lo pregunten al martín pescador, a la garceta grande o al minúsculo reyezuelo, por ejemplo. O al herrerillo vacilón. No responderán, a pesar de su cara de pasotismo, aparente carcajada o incredulidad ante nuestra presencia y ante el insondable e inocuo disparo.
Colofón: hace pocos días, una chica soñaba a menos de un metro de un gorrión. Obtuve su permiso para publicar la maravillosa escena, cargada de metáforas y enternecedora de por sí. Tal vez no era una chica, sino una simbólica águila real que proyectaba su viaje hacia las altas montañas de la vida, con fuerza y determinación, cual pequeña avecilla que, mentalmente, se transforma en poderosa y magnífica, de forma sugerente y en el más puro silencio. Desde aquí agradezco su buena voluntad y actitud, con los mejores deseos.
Desde hoy, la luna llena se desdibujará en nuevas fases, vorticialmente y sin hacer el más mínimo ruido. Hasta el próximo papiro.