En continuidad con la serie recién comenzada, toca abordar la salida exploratoria del ocho de noviembre. Esta jornada resultó muy fructífera en cuanto a la visualización de especies, no así en tanto a poder realizar fotografías mínimamente decentes. Por ello, el post será muy escueto.
La pasarela baja entre el Paseo de Salamanca y el Paseo de la Condesa es el punto clave para comenzar, ánades y garzas conviven en tranquilidad y sin competencia, cada cual a lo suyo. En este caso, la reina del Bernesga hace aparición y establece su estrategia para la pesca.
No todos los días se consigue ver o fotografíar, y el hecho de disfrutar de la observación de un aparentemente simple petirrojo es algo que no tiene fecha de caducidad para quien suscribe. Cada ejemplar emite su llama, más viva o tenue en función de la luz solar. En todo caso, siempre increíble, valiente y de cara.
Muy cerca de allí veo a la tórtola turca, una de mis aves favoritas del entorno de la ciudad. Suele dejarse ver en pareja, tanto a la hora de buscar alimento como en su descanso sobre las ramas. Ese día pude retratar a un solitario ejemplar que estaba ubicado en un árbol de jardín, con su típica estampa.
Cuando este individuo sale a buscar comida, no hay habitante del río que se sienta a buen recaudo. Para el caso y por puro azar, pude encarar por primera vez al presente, robusto y ágil mosntruito, hábil cual prestidigitador y buceador excepcional. Como si de un fantasma se tratase, apareció y «voló». Su imagen cierra este brevísimo capítulo, tal vez invitando a capas de reflexión. Hasta un nuevo papiro.
Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).
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