Esta mañana, como cualquier otra y a la vez tan distinta, ha resultado excelente para poder fotografíar algunos ejemplares. A contraluz o no tanto. Mucho más allá de la calidad de imagen (justita, aunque no hay cámara que muestre fielmente una realidad observada con ojos), me quedo con la situación retratada. Con ese instante en el que sentimos que ese es el momento, único, vivido intensamente o al menos con cierta emoción difícil de olvidar.
¿Es la intención de salir a observar aves en su entorno una actividad que aporta serenidad de pensamiento, o quizá son esos momentos mágicos y valiosos los que nos recargan las pilas para que tengamos ganas de seguir realizando la búsqueda ocasional, acaso diaria? Ambos factores se retroalimentan, en dialelo.
Tal vez sea la magia de las alas y de los cantos, de los plumajes oscuros o multicolor, del agua que fluye y cambia cada día el curso del río, moviendo y desdibujando su base de incontables piedras con soltura envidiable. De las ramas que se alargan hacia lo alto y velan los ojos del puente. De la inquietud absoluta de aquellos seres que más allá de posar sin rubor, ajenos a nuestras pasiones aunque instintiva y vivamente conscientes de presencias demasiado cercanas y muy bien medidas mediante el umbral de seguridad… actúan sin conferir la más mínima relevancia al teatro cotidiano, sin saber que forman parte de ese escenario en el que cada quien escoge su butaca o marca la pauta de su propia interpretación.
Cada día entraña una nueva lección, tan inaudita como habitual… lección al fin y al cabo. Lo difícil reside en el simple hecho de sobrevivir. Se tengan alas para surcar el aire o pies calzados para tropezar de nuevo.
Por el aire discurrieron otras especies que, aunque no fue posible captar con claridad, quedaron anotadas en la cuenta, en forma de tarea pendiente. Tal vez mañana se pasen por allí, quién sabe a qué hora… o tal vez tarden semanas en volver. Esto sugiere una labor incierta y casi aleatoria, ilusionante, que nos incita a seguir buscando, a continuar peleando por realizar sueños tangibles en el escenario de los instantes. A poder volar sin poder volar.
No hay que obsesionarse con la belleza, simplemente debe disfrutarse cuando muestra su evidente faz. Gracias por leer este papiro.
Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).
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