El 24 de junio de 2024, día de San Juan, se llevó a cabo la XIX edición del Festival Flamenco de León, acto enmarcado en el programa de las Fiestas de San Juan y San Pedro. Este ha resultado ser un gran año para el espectáculo, cuyo primer cambio notorio consistió en la nueva ubicación del escenario, dado que habitualmente se realizaba en la Plaza de San Marcelo. Con una acústica relativamente similar, la Plaza Mayor leonesa ofreció unas condiciones magníficas.
Los asistentes pudimos disfrutar de una actuación muy viva, fresca e interesante, con flamencura a raudales y bonita originalidad en el compendio de agrupaciones. Cada una de ellas mostraba lógicos rasgos concretos y variados, y la camaradería reinaba entre un elenco de músicos que iba repartiéndose en diferentes combos e intervenciones. Algo funcional, relativamente común en este festival, y que para la ocasión se dio con fluyente naturalidad, tanto en los terrenos clave de la espontaneidad y de la improvisación como en el transcurso de unas coreografías que gustaron mucho a un público al que se veía disfrutar ampliamente.
Todos los participantes se dejaron la piel en el escenario, y cada cual aportó su bagaje, sus formas… realmente mostraron muy diferentes facetas, lo que se tradujo en una buena variedad musical y escénica que contó con los cantes de Jesús de Lucas, Carolina Castilla, Miguel Rosendo y Trini de la Isla.
En el baile estuvieron Raúl “El Bule” y la bailaora y coreógrafa María Guerrero, artistas que aportaron nervio, sensibilidad, contrapuntos y complicidades. Imprimieron momentos de buena química, y sus intervenciones individuales añadieron intensidad a un espectáculo muy bien aderezado por los juegos de luces y el sonido.
El toque estuvo a cargo de los excelentes guitarristas Víctor Rosa y Juan Manuel Fernández. Ambos músicos, que se mostraron relajados y dinámicos, ejercieron el dominio de las formas flamencas y de la técnica en diversas facetas. Su temple, tan serio y sobrio como desenfadado, funcionó en todo momento al servicio de la música, sin excepciones. Desgranaron falsetas muy flamencas y con buen pellizco, en un rango que abarcó la esencia clásica y el aire sofisticado, en función de cada tipo de interpretación y de los márgenes de juego de las diferentes propuestas. Se notaba que estaban cómodos, y es de justicia reconocer que su labor constituyó un sólido fulcro para las características de tan amena y potente actuación.
Naim Real y Luis Monje (Pijote) se hicieron cargo de las palmas con sutil compenetración y funcionalidad: lograron hacer flotar los ritmos, acordes, melodías… sobre su base medida y ajustada, bien conjugada con las variaciones de velocidad y el necesario rango dinámico.
La agradable temperatura ambiental acompañó durante toda la actuación, y el público asistente se mostró especialmente comprometido, muy a gusto con el espectáculo y sus artífices. Las imágenes de muestra son sencillas, pero lo suficientemente descriptivas como para “poner cara” a una larga y espléndida sesión de buen flamenco, con dos horas y media de plena entrega que pasaron como si nada, vividas y sentidas con total intensidad. Solo queda expresar un agradecimiento especial para estos artistas y recalcar que lo dieron todo sobre las tablas, así como felicitar a las personas y entidades que han hecho posible la realización de este festival.
Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).
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