Vuela, diciembre (2)

El día trece me encontraba en los jardines de La Condesa, cuando de repente vi a una de mis aves preferidas: la tórtola turca. Me agaché y comencé a hacerle fotos. Es una especie difícil de plasmar, no para de moverse y rechaza que nos acerquemos demasiado, en cuanto nota que es foco activo de nuestras miradas se escabulle, por eso hay que guardar ciertas distancias que limitan las posibilidades fotográficas. Aún seguía con el ojo colocado en el visor, haciendo clics, cuando noté que alguien se había parado unos metros antes, en el paseo, para no entorpecer mi labor. Inmediatamente, miro y veo a un hombre de edad, le pido disculpas y agradezco su amable atención y detalle, procedimiento habitual para quien suscribe. Él se mostró afable y empezó a hablarme sobre la especie y sobre la tórtola común (a la que él se refirio como “real”), y de ahí derivamos en urracas y torcaces, de sus correspondencias predadoras, etc. De seguido comenzamos a hablar del martín pescador y del mirlo acuático, aves que él conocía perfectamente, dado que fue pescador, como me hizo saber.

Entonces, tras presentarme, me dijo “me llamo José Martínez García”. Recordó sus tiempos de juventud en Trobajo del Camino, su pueblo natal, y la afición a silvestrismo que tenían los jóvenes de su generación. Como suele ser habitual cuando me pasan estas cosas, todo me parece interesantísimo y emocionante, pero no pierdo detalle y paso a la acción. Por lo tanto, dados los preámbulos, le hablé sobre este blog y sobre la posibilidad de publicar unos comentarios suyos, así que primero le pregunté sobre la pasión ornitológica en sus primeros años de vida:

Sí, hombre… vamos paseando, que yo voy a dar la vuelta allí en el puente de San Marcos.

-Sí, disculpe, José, creo que le gustará.

-Pues de niños, íbamos un grupo, en Trobajo, y había un campo, de aquella, que era donde básicamente estaban las bodegas, Trobajo era un pueblo lleno de bodegas de vino. Y había zonas que estaban, de pradera, muy cuidadas, no como hoy. Y entonces allí se cortaba un ramo de negrillo, normalmente, era negrillo, el que se ponía, y se envaretaba con varetas de junco. El junco es una planta de humedal, que son matas, así, no sé si las conocerás. En la humedad, el junco se da muy bien. Y entonces, se cortaban en varitas así de largas, de unos veinte centímetros. Y había gente muy hábil envolviendo la liga, que tenía en botes… la vareta, se llamaba vareta, se ligaba, se forraba de liga. Y luego se posaba, apoyada, en ese ramo que se ponía en el prao, en el medio. Y con él en el reclamo, nos escondíamos y a esperar a que entrarán los bandos, y había, en aquel momento, pues había abundancia de aves, no como hoy. Hoy tengo una casa en un pueblo de aquí, de León, y salgo al campo y hay veces que no les oigo ni cantar.

El tema continuó por derroteros cinegéticos, y resultó muy pero que muy interesante. De ahí pasamos a lo estrictamente antropológico y social, que resultó más interesante e importante todavía. Pienso que no hay que perder el norte ante el equilibro necesario para que el mundo en marcha discurra ante el velo de la lógica, es una de las cosas que pude deducir tras escuchar las palabras de José, cuya capacidad para relatar todo tipo de situaciones y observar las problemáticas me pareció extraordinaria, dado que se expresa con una fluidez y contundencia meridianas, tanto a nivel discursivo como de dicción vocal.

Como obligado añadido, quiero aludir a la parte más relevante de este bloque de texto. Tras señalar un gravísimo problema de salud que había sufrido meses atrás, mostró su agradecimiento a la Sanidad leonesa, y le salió de forma muy espontánea. Estas son las palabras que sonaron, de forma literal:

Porque, oye, el trato que recibí fue como si hubiera estado en la mejor clínica privada, aquí en la Seguridad Social. Fueron a buscarme en ambulancia porque a mí me dio… el achuchón me dio en casa, llamé a mi doctora de aquí, de Condesa, mi doctora acudió a mi casa, andando, desde aquí de Condesa a San Claudio, y de allí en una ambulancia al hospital y a las veinticuatro horas escasas yo ya tenía un marcapasos puesto.

-¿Le dio un ataque al corazón?

Sí, un bloqueo, que el corazón se va… por culpa de una proteína que tengo, se va parando. Y baja de, a lo mejor, de las pulsaciones normales, me empezó a bajar, a bajar, a bajar, hasta que me quedé con treinta. Pero nunca perdí el sentido, ni el conocimiento, ni me desorienté ni nada. Yo fui consciente cada momento, cada minuto, de lo que me pasó, Y luego yo lo publiqué en la prensa, hice un artículo.

-¿Me dice de nuevo su nombre y apellidos para que yo busque ese artículo?

En leonoticias, entre el diez y el veinte de marzo de este año, si ves: Opa, de José Martínez, al hospital de León, de leonoticias. Ahí sale.

Me consta que José, de 77 años, es un hombre honorable y además se ha dejado la piel por su familia. Reproduzco esta frase que considero un obsequio, relativa a otra de sus pasiones, los ríos: “El Bernesga recibe aguas del Torío. El Torío pierde el nombre, el nombre aquí en León, ya pierde el nombre. Pero luego el Bernesga pierde el nombre cuando entrega las aguas al Porma. Y el Porma pierde el nombre cuando se las entrega al Esla”.

Aguas, fluido vital, individualidades y conexiones que asumen enormidades y las fagocitan, sin remedio y ante el imparable curso de las leyes telúricas; el comentario de José me invita a crear una analogía, para bien o para mal, con las relaciones humanas que entran y salen, que son asumidas y, en ocasiones, no se perciben, pero ya han calado muy hondo en los cursos vitales, pierdan o no sus nombres en los designios de la memoria. Doy las gracias a José por cederme unos minutos de su tiempo, por otorgarme su confianza y por mostrarse tan sincero y natural, pues me ha aportado muchísimo, y pienso que sus palabras serán muy importantes para quienes puedan o quieran leer este extracto y sepan captar lo que hay que captar.

Reconozco mi debilidad hacia la Plaza de San Marcos, uno de los lugares más imponentes de esta ciudad, se mire desde donde se mire. Su impresionante edificio principal, que antiguamente fue sede de la Orden de Santiago, hospital de peregrinos y convento, así como la iglesia, actualmente en fase de rehabilitación, conforman un bloque monumental e histórico de primerísimo orden. Tal vez, quienes pasen por allí día tras día, de forma rutinaria, no sean conscientes de esta magnitud, por simple costumbre, aunque me consta que muchas personas van a pasear por la zona porque no se cansan de admirar semejante belleza en fría piedra y porque sienten atracción ante la emanación de serenidad que el conjunto arquitectónico y el espacioso y oxigenado lugar emiten.

Y con una de estas personas me encontré la tarde del día trece, cuando yo buscaba las últimas luces fuertes de la tarde para obtener calidez mesurada y áurea. Entonces observé a alguien que, a pocos pasos de mi situación, intentaba fotografiar un muñeco sobre uno de los pequeños pivotes de la plaza. Ante el perfil de la persona y la concreta situación, solicité poder realizar una fotografía de calle, casi anónima, en la que simplemente saliese de lado y casi de espaldas, en plena acción antropológica e intencional. De inmediato me encontre con una cara amable y colaborativa, dado que lo primero que me respondió fue esto: “Claro, no hay problema, además no me importa mirar a la cámara, me dedico a la fotografía”. Enseguida buscamos la posición original, y de ahí, tras hablar del gran escenario que nos rodeaba, pasamos a realizar algunos retratos más concretos, tras su ofrecimiento de mirar a la cámara y ante la sugerencia de poder hablar un poco sobre los motivos por los que una joven chica francesa se encontraba en la Plaza de San Marcos haciendo fotos con su móvil. Así que ella, que ya se había presentado hacía unos minutos, accedió a un minicuestionario y me ofreció estos breves apuntes:

-Hola ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Imane.

-¿Cuál es tu actividad en España?

-Estoy terminando mi licenciatura en Valladolid para ser profesora de español después y pasar el examen este segundo cuatrimestre que viene.

-Y ¿Qué haces en León, hoy?

-Hace un par de semanas que veo mucha foto de León en Valladolid, porque hay como exposiciones. Entonces vi algunos monumentos que me gustaban. Y, bueno, he pasado casi todos mis exámenes antes de regresar a Francia para las fiestas de Fin de Año. Entonces, como yo tenía el fin de semana libre, cogí un tren y estoy aquí.

-¿Qué te parece León?

Genial. De verdad, viaje mucho por toda España, porque no es mi primera estancia, fui por todas partes, desde Santiago hasta Murcia. Y de verdad, pienso que tengo una relación muy particular con Castilla y León, porque pienso que aquí hay cosas que no se ven por ninguna otra parte del mundo. Y no sé por qué, pero hay muchas infraestructuras muy bonitas por todas partes, pero aquí hay un sabor diferente. Entonces, como me gustan mucho las de Valladolid, me dije: bueno, quizás sería “guay” ver todo esto de aquí, y de verdad, muy bonito, todo me gusta mucho. Creo que es la primera vez que veo un trabajo, una obra de Gaudí en el centro, y eso era un poquito como reto de mis estudios. Porque fui por todas partes de España pero nunca a Barcelona. Entonces, creo que es la primera vez que veo una obra de Gaudí, y eso me anima mucho.

Tras estas descriptivas palabras, aún charlamos durante cinco minutos y le hice otras fotografías, más hacia el centro de la plaza. A ella le gustaba posar y yo acepté el pequeño reto. Quedé en pasárselas, y nos despedimos cordialmente. Poco después volvimos a vernos cerca del Puente de San Marcos, al otro lado del río, en la cascada, cada cual había llegado por un lado y por causa de sus propios asuntos: el mío no era otro que la garza real y ciertas pequeñas aves de la zona que suelen estar ahí, aparentemente ocultas, cual premio para quienes buscan con avidez, aunque sea justo antes de iniciar la retirada. Le comenté que una foto con el puente de fondo era “Puro León”, un gran recuerdo, y dijo que “muy bien”. Entonces sugirió una fotografía cruzada, simultánea, en el mismo instante, ella con su teléfono móvil y yo con la bridge. Y aquí queda eso, aunque he recortado ligeramente su foto (*) para poder publicarla en el formato horizontal que uso en la web y en mis vídeoediciones.

Ahora ya tocaba despedirse, e Imane aún tuvo tiempo de contarme algunos detalles acerca de sus incursiones al Parque Grande de Valladolid, entre ardillas, anátidas, carboneros y otros pajarillos. Como nota final, agregó que uno de sus retos consistía en insistir para que los chavales no le echen comida basura a los patos, principalmente, algo que me pareció muy coherente, porque tenía, tiene y tendrá toda la razón. Los motivos los conoce cualquier persona mínimamente interesada en estos temas. Por estas cosas y otras, aprovecho este papiro para trasladar mi agradecimiento a Imane, por haberme permitido conocer algunas de sus facetas y porque sé que todo lo que me contó fue producto de su ilusión y buena voluntad. Le deseo toda la suerte en su carrera y en la vida.

Más allá de puntualidades, de haber realizado varias entrevistas y conocido a bastantes personas que sacan a pasear a sus perros y con las que además he podido compartir buena conversación, las recientes salidas de campo han resultado fundamentales para comprobar los movimientos de las aves en la primera fase del invierno. Por azar, hace pocos días me encontré con mi amigo Gearóid Mac, ornitólogo irlandés, e hicimos una ruta habitual bastante intensa en temáticas pajareras. Un par de días después nos fuimos a algunas lagunas, a ver qué se cocía por esos entornos de anátidas y limícolas. Poco vimos, la verdad, pero escuchar al maestro Mac Lochlainn hablando de los solsticios y de las estaciones en Irlanda, adelantadas a las de nuestro calendario, así como de las antiguas costumbres de su país y de un montón de cosas relacionadas, es impagable.

Así que ya toca insertar una seríe de fotografías de animales, en este caso de aves y de mamíferos. No son maravillosas ni técnicamente infalibles, como de costumbre, aunque sí lo suficientemente descriptivas como para disfrutar con su visualización, que en definitiva, es lo único que importa. Las más complejas suelen ser las de los corzos, por la cantidad de ramitas tras las que suelen esconderse y que dificultan el enfoque, aunque también las de algún pajarillo rebelde, amigo de posar con bajas iluminaciones o en días grisáceos. Las especies mostradas en la primera parte y en esta son las siguientes: Ánade real, agateador, andarríos grande, bisbita ribereño alpino, carbonero, colirrojo tizón, corneja negra, cormorán grande, corzo, garceta grande, garza real, gato, graja, grajilla, gorrión común, herrerillo, jilguero, lavandera blanca, lavandera cascadeña, lúgano, martín pescador, mirlo, mirlo acuático, mito, mosquitero, paloma bravía, paloma torcaz, pavo real, perro, petirrojo, pico picapinos, pinzón, reyezuelo listado, tórtola turca, urraca, vaca, zorzal común.

Quiero dar las gracias, muy especialmente, a los dueños de los perros aparecidos en el presente artículo, por permitirme publicar las fotografías. Este papiro está dedicado a todas las personas con las que he podido crear vínculos en 2025, bien por motivos anecdóticos o por situaciones que han dado pie a mayores trazas. Porque desde el corazón de esos nodos, sin duda, han surgido y aún brotarán ardientes rescoldos que abrirán caminos. La contrapartida implica aceptar que, a su vez y en ocasiones, se han helado las grutas del infierno. Dos situaciones cruciales, de las que se aprende muchísimo y con las que toca lidiar. El diablo te da la mano, pero no te mira a la cara, y ahí muestra su hipocresía, aunque no hay que subestimar sus tétricas estratagemas de muerte y destrucción, impresas en su cara de patética mediocridad. Por el contrario, los nucleares ángeles muestran sus ojos a tumba abierta ¿Nos veremos en 2026 por los oscuros pero también esperanzadores caminos de la vida? La partida continúa, las piezas están más pulidas; y la tinta, de cosecha añeja, se reserva para lo que realmente vale la pena, cada día con más motivo. Amos del cotarro, meteos las guerras y el destrozo de la cordura por el ojo que todo lo ve. Ante la hecatombe, agüita fresca y verde vida. Muchísima fuerza y ánimo para quienes estén pasando malos momentos, mis mejores deseos. Gracias por leer, hasta el próximo papiro.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Fotografía (*): © Imane Juliette Saldanha.

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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