Entonces, tras presentarme, me dijo “me llamo José Martínez García”. Recordó sus tiempos de juventud en Trobajo del Camino, su pueblo natal, y la afición a silvestrismo que tenían los jóvenes de su generación. Como suele ser habitual cuando me pasan estas cosas, todo me parece interesantísimo y emocionante, pero no pierdo detalle y paso a la acción. Por lo tanto, dados los preámbulos, le hablé sobre este blog y sobre la posibilidad de publicar unos comentarios suyos, así que primero le pregunté sobre la pasión ornitológica en sus primeros años de vida:
–Sí, hombre… vamos paseando, que yo voy a dar la vuelta allí en el puente de San Marcos.
-Sí, disculpe, José, creo que le gustará.
-Pues de niños, íbamos un grupo, en Trobajo, y había un campo, de aquella, que era donde básicamente estaban las bodegas, Trobajo era un pueblo lleno de bodegas de vino. Y había zonas que estaban, de pradera, muy cuidadas, no como hoy. Y entonces allí se cortaba un ramo de negrillo, normalmente, era negrillo, el que se ponía, y se envaretaba con varetas de junco. El junco es una planta de humedal, que son matas, así, no sé si las conocerás. En la humedad, el junco se da muy bien. Y entonces, se cortaban en varitas así de largas, de unos veinte centímetros. Y había gente muy hábil envolviendo la liga, que tenía en botes… la vareta, se llamaba vareta, se ligaba, se forraba de liga. Y luego se posaba, apoyada, en ese ramo que se ponía en el prao, en el medio. Y con él en el reclamo, nos escondíamos y a esperar a que entrarán los bandos, y había, en aquel momento, pues había abundancia de aves, no como hoy. Hoy tengo una casa en un pueblo de aquí, de León, y salgo al campo y hay veces que no les oigo ni cantar.