Hace bastantes días que no publico en el blog, y eso que la recámara está bien cargada de fotografías de aves, principalmente, de cara a insertar algunas entradas antes de que finalice el extraño y nefasto 2024. Así que la baja luminosidad de este día relativamente frío y bastante nublado ha servido como aliciente para realizar un post puntual y con muy pocas imágenes, aunque no por ello menos válidas para reflejar, a grandes rasgos, algunos momentos de lo que ha resultado ser una mañana interesante y tranquila.
Es muy difícil, aunque no imposible, no toparse con los mirlos, dueños de arbustos, matorrales, hierbas, hojarasca… y poseedores de un canto espectacular. Hoy había muchos, en todas las zonas del entorno del río. El ejemplar de la fotografía me ha parecido muy «simpático» y significativo para representar a una de las facciones de esta preciosa especie.
Como contrapartida a varios niveles, un magnífico ejemplar que retozaba muy cerca del anterior. Con todo relax, se posó en su rama y me dejó efectuar algunos dísparos de corte amigable e inofensivo.
Hoy no ha resultado nada fácil conseguir una fotografía de este pequeñajo, una auténtica máquina acrobática que, al amparo de las ramitas y del inicio de una húmeda niebla pastosa, me la jugaba sin inmutarse. La única imagen relativamente decente es esta, con el herrerillo algo «camuflado». Su color aporta plena vida, en contraste con la casi completa ausencia de hojas. Es otra de las maravillas de nuestro entorno, y vale la pena que aparezca en este post.
Como de costumbre, el agua se coloreaba con unos cuantos ejemplares de ánade azulón, totalmente relajados y concentrados en su labor habitual, que no es otra que alimentarse, realizar sus ciclos estacionales y disfrutar plenamente de las bondades que el Bernesga ofrece, todo ello en relativa tranquilidad… al menos hasta que llegue la primavera y, tras ella, los milanos negros, siempre al acecho de los patitos recién nacidos. Eso sí, las madres ánade son como perros de presa, y no se lo pondrán fácil. En fin, no pocas personas disfrutan a diario y durante todo el año con esta especie, sobre todo desde las barandillas, puentes y pasarelas que bordean el río.
Por allí brincaban algunos pequeños seres, tales como la lavandera blanca, el chochín o el ruiseñor bastardo… especies que no pude fotografíar. De forma testimonial y algo lejana, he aquí una bonita lavandera cascadeña que se lo pasaba en grande al tiempo que realizaba sus abluciones. En el mismo lugar, una «tizona» iba y venía, tan campante. Y a menos de diez metros, el inquieto mosquitero parecía evadir mi cámara, así que solo pude obtener de él una imagen muy justita y poco iluminada.
Tras echar unas cuantas ojeadas, apareció ante mis ojos la joyita del Bernesga, la centella radiante: un ejemplar de martín pescador que, como de costumbre, miraba de reojo mientras parecía sugerir algo así: «venga, dale ya, flipado; y aprovecha, que hoy es un día muy complicado para enfocar y además tengo hambre… así que no permaneceré mucho más tiempo subido a esta rama». Y así fue, capturó un pez de dimensiones enormes en relación al tamaño de esta bolita supersónica.
Llevaba un buen rato apostada en su «garita», y de repente decidió trastadarse a uno de los altos pinos que bordean el Paseo de la Condesa. Sobrevoló el cauce, majestuosa, y no se cortó en emitir un par de graznidos de advertencia, como quien domina el aire y puede presumir de semejante hazaña. Y allí, casi en lo más alto, volvió a coronarse la reina del río, la gran garza real.
El que tampoco suele fallar es el petirrojo, increíble pajarillo de fuego y ceniza. Aunque hoy lo he retratado en diferentes lugares, esta fotografía me parece la más interesante de todas. El ejemplar es impresionante, y pienso que la imagen destila la gran fuerza de un ave cuyo porte resulta hermoso y extraordinario.
Mientras charlaba con un conocido y para sorpresa de ambos, apareció ante nuestras narices el martín pescador. Esta vez se colocó de espaldas a la cámara, revelando así la magnífica gama de azules que impregna su plumaje. Se mire por donde se mire, es un animal fascinante, y que se te acerque sin miedo (aunque con la suficiente precaución), podría calificarse de lujo total. Al menos para quienes disfrutamos de esta actividad.
Como broche de la mañana, dejo puesta esta imagen de una urraca, ave desconfiada por naturaleza y entrañable de por sí. Este pajarraco es muy necesario, y si faltase en la escena general… habría que preocuparse en cierta medida. Hoy no ha habido gorriones a la vista, pero me quedo con el recuerdo de todos estos pequeños e inolvidables seres alados, pura magia biológica.
No obstante, aún falta por cumplirse un tercio del mes de diciembre, con lo que las sorpresas de 2024 pueden continuar, en todo el rango conceptual, social o etológico ¿La subida es bajada o la bajada es subida? Intuyo que nunca lo sabremos. Hasta el próximo papiro.
Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).
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