Noviembre subliminal (4)

Bien, abordo la cuarta parte de la serie “Noviembre subliminal”, dedicada a diversos actos culturales llevados a cabo en Villaverde de Sandoval, pueblo perteneciente al ayuntamiento de Mansilla Mayor (León). Como es bien sabido, en dicha localidad está ubicado el impresionante Monasterio Cisterciense de Santa María de Sandoval, una maravilla del siglo XII que lleva bastantes años en proceso de rehabilitación. Nos acercamos allí a principios del mes de noviembre, dado que en el edificio denominado “La Panera”, perteneciente al complejo del monasterio, suelen llevarse a cabo bastantes exposiciones. Este pueblo es maravilloso, aún mantiene la esencia de los viejos tiempos, y en sus campiñas pueden verse algunas vacas, caballos e incluso ovejas, por no hablar de que su enclave y los alrededores conforman un pequeño paraíso para el busardo ratonero o los milanos, los cuervos y los estorninos, tanto negros como pintos.

Así que, retomando el tema, tras enterarnos el día siete de que La Panera albergaba la exposición “Mitología Leonesa”, al amparo del Instituto Leonés de Cultura, con la inclusión de las creaciones del magnífico ilustrador leonés Toño Benavides, nos acercamos por allí al día siguiente. Resultó una experiencia grata, a nivel visual y sensitivo. Los trazos de este artista están cargados de una espontaneidad vehemente, concienzuda, y producen representaciones gráficas de gran nivel. Este concreto estilismo hace que sus dibujos parezcan moverse, al menos implican un dinamismo absoluto, lo que sumado a la originalidad del autor, convierte a estas obras individuales en joyas que trascienden lo simbólico y lo metafórico. Sus personajes superan la barrera de lo explícito, y el toque onírico es fundamental para aunar la leyenda con el miedo real, albergado en el inconsciente colectivo. Maestría para disfrute de los sentidos, desde luego. Allí, en la recepción de la exposición, conocimos a la amabilísima Lucía, vigilante del Monasterio, para mí una “Guardiana” mitológica de las ruinas de una ciudad olvidada y perdida en la memoria, cual Atlantis de la noche de los tiempos. Con su afabilidad, educación y disponibilidad, nos informó de nuevas actividades en el pueblo, en días posteriores. Además de esto, nos mostró un folleto explicativo en el que constan todos los detalles sobre una selección de piezas sonoras originales compuestas por el músico leonés F. Jonás Mata, que según nos relató Lucía, ofreció su arte musical como apoyo a la hora de amenizar las visitas mediante un equipo de sonido, lo que derivó en un ambiente sugerente y experiencial; para el caso, claramente adjetivado, dado que cada pieza está basada en un cuadro en concreto. Allí mismo pude adquirir el bien trabajado y realizado libreto con las explicaciones del propio compositor y la forma de acceder a su obra. Nos despedimos bajo la expectativa de una actuación coral que iba a realizarse en breve, en pocos días, pero que aún no había sido anunciada.

El sábado veintidós, día de Santa Cecilia, asistimos a la actuación del grupo coral Escolanía San Salvador, procedente de Asturias. Dedicaron su repertorio a las cantatas de “ida y vuelta”, podría decirse, en relación al catolicismo y las Américas. La actuación, titulada «Música que el océano ha movido», resultó muy agradable y los asistentes aplaudieron el notorio esfuerzo y empeño profesional de sus componentes. Ese día había olvidado insertar la tarjeta Micro SD en la cámara, así que les hice una fotografía  con el móvil. Mi gozo en un pozo, porque esa tarde iba con toda la intención, además, de realizar fotos a las vacas de Paulino y a las ovejas que pastan por la zona, sin olvidar a los canes, caballos, burros y aves. Así que no pudo ser, y tras el concierto, disfrutamos de lo que ya estaba montado del Belén de Sandoval y de la preciosa iglesia, en compañía de las personas asistentes. Este Belén, que lleva bastantes años en boga, incluye representaciones en miniatura de muchos vecinos del pueblo, algo muy bonito y que sin duda se erige en símbolo de unión y concordia, por diferentes motivos.

Sabíamos que una nueva muestra sobre la minería estaba a punto de ser abierta al público en La Panera, y al día siguiente, allí nos plantamos. La exposición “Jesús Juárez & Mauricio Peña – Memoria gráfica de la minería en Castilla y León”, patrocinada por el Instituto Leonés de Cultura y el Museo de la Siderurgia, fue inaugurada el veintitrés de noviembre del presente 2025. Al llegar al pueblo nos encontramos con Paulino, el pastor, que en mi mundo metafórico encarna el nexo entre el pasado y el presente, aunque más bien del futuro que sucederá “mañana” mismo. Pude hacerle algunas fotos testimoniales a él y a sus vacas, aunque la iluminación disponible esa mañana jugó en contra de una cámara Bridge como la mía. Aún así, ahí queda eso.

Acudimos a La Panera antes de que fueran llevados a cabo los actos oficiales, y nos dio tiempo a poder degustar el arte en condiciones, sin prisa. Aquí tampoco destriparé el meollo, más allá de realizar algunas consideraciones periféricas y muy subjetivas, pues disfrutar y valorar una exposición es algo que corresponde a cada visitante. Al margen del contexto social y relacionado con la durísima historia de la minería, me parece conveniente resaltar que los dos fotógrafos participantes, los veteranísimos Mauricio Peña y Jesús Juárez, han mostrado unas perspectivas físicas y metafísicas muy particulares a través de su obra visual. Lo que puedo afirmar, sin rubor y sin pretender reducir el concepto con mis afirmaciones, pues el propio contenido de la exposición desborda este tipo de análisis esquemáticos, es que si Mauricio Peña aporta un enfoque histórico con grandes trazas artísticas y de composición, en las fotografías de Jesús Juárez se muestra un excelente punto de vista artístico que a su vez se nutre de lo histórico, claro está. Estas facetas quedan claramente disociadas, incluso casi podrían separarse a nivel estilístico, y ambos profesionales han ofrecido unos materiales que, de forma dual y al tiempo hilados por un mismo eje, la minería, se complementan en abismal diferenciación artesanal y artística. Lo que es idóneo para la propia exposición y para la memoria representada en sus imágenes, porque se beneficia de todo ello y ofrece un plus muy interesante. No hay que olvidar que, diferentes muestras colectivas, abordan temáticas dispares. En este caso, los resultados son doblemente funcionales, a mi juicio. Tal vez pueda parecer que estoy siendo demasiado reduccionista, a pesar de que, desde este foro, no hace falta decir más. Solamente que es una exposición absolutamente recomendable.

Esa misma mañana, la agrupación Escolanía San Salvador participó en la Misa, y después de la misma, pudimos disfrutar del caldo de cultivo que se cocía a fuego cada vez más fuerte en la Iglesia de Santa María: el citado Belén de Sandoval, una maravilla artesanal cuya inauguración oficial estaba prevista para siete días después, aunque el asunto ya iba en marcha y a toda vela. Al parecer, hace tiempo que se habían restaurado algunas figuras y a su vez se habían incorporado muchas otras, realizadas por dos vecinas del pueblo, de forma manual y completamente artesana. Estas mujeres son Isabel Campos y Mercedes Sahelices, aunque ellas mismas matizaron que la primera se ha dedidado más a las figuras y la segunda a las construcciones. Toda la información relativa a esta obra artesanal y a su contenido, se encuentra disponible en unos folletos que hay en la iglesia. El contexto es muy amplio y, de nuevo, considero que dicha reseña no me corresponde, pues además, en este caso, estaría copiando literalidades que otras personas han ofrecido de su puño y letra. Recomiendo a cualquiera que vaya a verlo y a disfrutarlo. Lo que sí quiero decir es que, cuando se observan esas figuras que representan a los vecinos en un mundo ideal, uno no sabe dónde está la barrera entre ficción y realidad ¿Cuál es el auténtico Paulino, las verdaderas Lucía, Isabel y Mercedes, por dejarlo aquí y no citar al resto de vecinos y personas representadas, que también relucen ante el esplendor de esa realidad? En un mundo extraño, una parte de ese Belén en la que se representa a los vecinos de Villaverde, cobra cierto atisbo de primera instancia que opaca nuestro presente en marcha; puesto que en esa reunión de muñecos con nombre propio, no existen las problemáticas humanas. Es profundo, pero ahí lo dejo para quien quiera darle vueltas. Lo idílico es lo buscado, y tal vez, al buscarlo y encontrarlo, no queramos regresar del paraíso. De camino a casa, y ante el día nublado que aún bañaba León y sus alrededores pude hacer algunas fotografías del entorno del Bernesga.

El último día de noviembre acudimos a la cita, dado que se inauguraba el Belén y para ello se contaba con la intervención de la Coral gregoriana del Cister de Sandoval. Nada más llegar a Villaverde, volvimos a encontrarnos con el pastor Paulino. De nuevo, aludió a la falta de relevo generacional, a que “esto se acaba”, a que “los jóvenes no quieren saber nada”, y cosas así. Cuando un sabio de semejante calibre como un pastor o ganadero que lleva toda su vida en ello, afirma lo que afirma, échate a temblar. No digo más. Con su habitual amabilidad y cero complejos, nos hablaba de las vacas y de la sal que les proporciona, también de cómo ellas aprenden a accionar el artefacto con el que se logra extraer agua del pozo. Para mí, este hombre y su esposa alumbran los últimos vestigios de una cordura que se evapora como el humo, ante lo absurdo de unos tiempos que no nos llevan a nada bueno. Como curiosidad, Paulino aludió a que fue a la comisaría para realizar un trámite y le dijeron “ya no tienes huellas dactilares”… hasta eso se quema con la vida de ganadero, que por otra parte, no ha conseguido borrar la campechanía y el humor desenfadado de este buen hombre, otro megacrack de la vieja escuela. Justo después de hablar con él y durante unos minutos, disfrutamos con la estampa de los caballos al sol.

Entramos en la iglesia, ya casi abarrotada. Allí, en la zona del restaurado y magnífico coro de madera, estaban situados estratégicamente los componentes de la Coral Gregoriana del Cister de Sandoval. La liturgia transcurrió de forma fluida, y llegado el momento, el sacerdote realizó una rápida pasada para bendecir el Belén. Los cantos, acompañados por el órgano, resultaron absolutamente coherentes con la situación, como no podía ser de otra manera. Los intérpretes se entregaron a fondo y lograron que todo el mundo allí presente disfrutase de la solemnidad lograda entre Misa y música. Una vez terminado el acto, las principales artífices del Belén ofrecieron unas palabras a los presentes, a modo explicativo, mientras que la Coral aún interpretó algunas piezas más. Entre tanto, la mayoría del público disfrutaba del citado Belén y del reparto de chocolate con galletas que se estaba llevando a cabo a la entrada de la iglesia, en la parte interior. Finalmente, salimos y pudimos hacernos una foto con Lucía, representada en el Belén como una de “Las Aranchas”, a la que estamos muy agradecidos por habernos dado tantas claves sobre el Monasterio, el pueblo de Villaverde y las actividades socioculturales que allí se programan. Solo queda mostrarse agradecidos con el pueblo de Villaverde de Sandoval y sus vecinos, que en todo momento se mostraron acogedores y amables, con las instituciones y con los representantes de las mismas, por la gran labor que realizan. También con el grupo Escolanía San Salvador y la Coral Gregoriana del Cister de Sandoval, por su entrega y excelente hacer.

Tocaba regresar, así que paramos por algunos caminos para poder disfrutar del solitario paisaje y de los animales, ahí están los mastines, el burro y el busardo ratonero, que parecía estar pidiéndonos una fotografía. También apareció un milano real, imprescindible rapaz de nuestros campos que nos dio varias pasadas mientras gozábamos de la lejana visión de unos estorninos pintos comiendo fruta de un árbol. Por fin, se hizo la tarde que da paso a la inevitable noche. Como ya mostré en la tercera parte de la saga que aquí mismo finaliza, la ciudad de León se iba anticipando a la Navidad mediante el alumbrado de calle y el Belén situado en la Plaza de San Marcelo. Otro noviembre mágico que nunca volverá, y que nos abre un portal hacia el imprescindible diciembre. Mientras tanto, las personas van y vienen al amparo de la eléctrica corriente sagrada del río Bernesga, aunque muchas de ellas ni siquiera lleguen a percibir la cercanía de las musas de los vientos, de los vientos de Estigia. Gracias por leer, hasta el próximo papiro.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia) y D.T. Argüello.

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