Noviembre subliminal (2)

Y claro, llegó el agua, así que hubo que escoger entre fragua o taberna. El día 14 amaneció ante una gran crecida del río, no tan intensa como otras veces, pero potente al fin y al cabo. Cuando los cauces de la ciudad de León se ven, en parte, anegados por el agua, la cosa se torna tan emocionante como peligrosa. Porque son muchos los animalillos que perecen en este tipo de riadas, sobre todo roedores, insectos y aves que quedan atrapadas en sus nidos de tierra. Los seres con felinas garras tienen más opciones, y no dudan en subir a los árboles como quien liba de flor en flor. Es duro, pero así azota el salvajismo de los elementos, incluso ante la aparente levedad. Por cierto: el instinto y la dulzura no son incompatibles, y así como las nutrias y los visones se la han gozado con las avalanchas acuosas, otros pequeños mamíferos han tenido que pelear duro por su supervivencia. Esa mañana, un amigo me dijo “El río está grande”, así que escogí “fragua” y salí a patear. Y esto es lo que vi, a grandes rasgos: en los alrededores del puente de San Marcos, los ánades se concentraban en zonas secas, y la garza real buscaba un improvisado lugar para su paciente espera. Decidí ir río arriba para hacerme una idea de cómo estaba la cosa, aquí van algunas muestras fotográficas del recorrido. Pero aún hubo un momento para escoger “taberna”, antes de continuar y avanzar por una gran parte del recorrido.

Una paloma bravía, preciosa, me esperaba al final de un tramo del camino, como dando a entender que ya había tierra firme que pisar y a su vez marcando la barrera de la zona prohibida. Allí, el agua fluía endemoniada, y como de costumbre, la vida seguía nutriéndose de cada una de las raíces del bosque misterioso. Más arriba y desde prudente distancia, un ser de la espesura me clavó su mirada, salvaje e inocente, limpia y oxigenadora. No pude sino maravillarme y hacer clic, intentando moverme sin moverme para así poder librar ciertas tramas de ramaje. Allí se quedó, mirándome sin pestañear, mientras me alejaba con tranquilidad. Poco después, el minotauro me miró de reojo desde su laberinto de hierbas, tras advertir mi presencia. No tardó ni dos miserables segundos en ignorarme. Por allí volaban los estorninos y el milano real. Continué mi senda hasta los nodos del recuerdo y di la vuelta, y en el tramo restante solo pude encontrar al majestuoso cormorán en vuelo y fantasmagórico contraluz, al inquieto mosquitero, al velocísimo herrerillo y al extraordinario mito. Hacerles fotografías no resultó una tarea sencilla, tuve que emplearme muy a fondo para lograr imágenes medianamente válidas. Precisamente por eso, por lo que a veces cuesta obtenerlas, creo que estas básicas imágenes tienen cierto valor, más allá de que muestren aves comunes y de que su plasmación en archivo resulte meramente testimonial.

El agua fue bajando poco a poco, y con ello se suavizó y volvió a definirse el contorno de cada orilla. Ya hacía un par de semanas que había visto a la garceta grande sobrevolar el cauce del Bernesga, y mi sentido arácnido me llevó a la cascada del pez dragón. Allí estaba la susodicha, junto a una joven garza real con la que de vez en cuando competía por el posadero, algo habitual entre estas dos especies. Llovía ligeramente, y algunas fotos muestran cierto velo de chisposa neblina. Los siguientes días también capturé imágenes en la zona, y aunque las garzas son animales bastante estáticos, su visión resulta casi hipnótica. Por allí andaba una pareja de mirlos acuáticos, muy difícil de fotografiar por causa de la lejanía, aunque sus poses son increíbles.

Poco después, el día 19, me encontré con Toño García, un colega pajarero y amante de la fotografía. Hacía tiempo que no nos veíamos, desde principios del verano, más o menos. A él le pasa como a mí, que suelta la lengua y no puede parar. Siempre va pegado a su réflex, a Toño le gusta dar paseos en busca de aves y además es buen interlocutor, sabe mucho acerca de las costumbres de antaño o de las jergas y palabros de los pueblos. Cada vez que nos vemos me enseña sus capturas fotográficas, como buen aficionado que intercambia cromos con sus colegas, sí señor. También le gusta compartir las tácticas que utiliza a la hora de finalizar cada imagen, y entre una cosa y otra, la charla fue muy productiva. Pude hacerle una fotografía en la pasarela baja, simbólico emplazamiento y uno de los nodos habituales de encuentro entre algunos fotógrafos que pululan por las orillas del río, hambrientos de caza digital, sedientos de cantos de sirena y de martín pescador.

En definitiva, Toño suele navegar por vivencias y temáticas mundanas que abrazan lo interesantísimo. No en vano, en el transcurso de la charla y dada la deriva de nuestra conversación, aludió a esa frase tan aparentemente típica: “las cosas pueden verse de forma muy diferente, según el ojo con que se miren”. Por muy evidente que esto suene, encierra mucho más de lo que parece, sobre todo si se aplica a determinados contextos. Es una melodía multipolar. Las monedas suelen incluir cara y cruz, aunque algunas llegan a mostrar una cara en cada lado. Con estas últimas, alguien podría decidir su propia suerte. Pero lo normal es jugarse la piel a ruchos o falispas, a verde o rojo, a siembra o siega, a miel o hiel. Una de las conclusiones apunta a que cuanto más comprendamos a quienes nos rodean, mejor jugaremos la partida de la vida. Y me la juego, metafóricamente hablando e incluso sin tapujos: a veces hay que cambiar la moneda de curso legal por una simple y hermosa hoja de otoño, obtenida sin esfuerzo pero como premio, bifaz, caduca pero conservable y antidevaluable. Es lo que tienen las conversaciones no banales, cuando su poso va calando y actúa en beneficio del curso diario. Las sabias palabras reafirman procesos o reconducen intenciones, pero jamás caen en saco roto, al igual que las buenas compañías.

De forma muy puntual, fui a buscar a las garzas al día siguiente, pero no acudieron a su festival de pesca, ni por la mañana ni por la tarde. Casi de retirada y antes de que el sol se ocultase tras los edificios y dejase la zona de la catarata al amparo de la penumbra crepuscular, me encontraba sentado cerca del agua y un perro se acercó a mi lado. De repente noté otra presencia, y me giré. Era el dueño del can, que iba a recoger la pelota con la que este jugaba, pues había ido a parar al agua. No me percaté, absorto como estaba en escrutar el terreno a unos veinte metros delante de mis narices. Entablamos conversación sobre el incidente y sobre el animal. Entonces el hombre, de nombre Fernando, recogió la pelota y me comentó que su precioso perro llamado Oki era un boyero australiano.

Desconocía esa raza canina, o al menos no recuerdo haber visto este tipo de animal, que me pareció absolutamente increíble por su formas y tonos de pelaje. Le hablé sobre otros perros que suelen acceder a ese lugar para restregarse en las rocas o lanzarse al agua, y Fernando aludió a lo peligrosa que es la pasarela de rejilla metálica para algunos animales, mediante el ejemplo de uno que llegó a colarse por el sistema de flujo y tuvo que hacer todo el recorrido a favor del curso del agua hasta poder salir de semejante y claustrofóbico infierno de rejas y piedra, casi vomitado en un final de partida victorioso, por suerte. Mala experiencia que por supuesto hay que tratar de evitar, dado que los perros sienten pasión por acercarse al agua; algunos pasan olímpicamente de sus dueños (y viceversa), es algo que se ve a diario y que en ocasiones resulta tan cómico como descriptivo. En fin, pedí permiso a Fernando para retratar al buen Oki y después les hice dos o tres fotos a ambos. Aquí va la muestra, con todo mi agradecimiento.

No fue el único cánido al que pude retratar con la humildad de mis medios; hace unos días pude conocer a Pedro, dueño de la preciosa Sasha, una perra labradora que parece despedir rayos de ternura y que estaba recibiendo su correspondiente baño de cepillo. Como procede, mantuvimos una conversación liviana pero provechosa, acerca de esta inteligente raza canina y de sus funciones de ayuda a las personas invidentes, principalmente. La cosa derivó en temas relacionados con el mundillo perruno, lo típico, y desde aquí agradezco a Pedro el que me haya dejado acercarme a su persona y además permitirme retratar a Sasha sola y junto a él, dado que estábamos en un lugar propicio para ello. No digo más, las imágenes hablan de por sí. Estoy deseando volver a ver a la Reina Sasha por los jardines, ella y su dueño Pedro transmiten tranquilidad y sosiego en un mundo de velocidad sin límites. Por suerte, aún quedan muchos seres de este calado, bípedos y cuadrúpedos, por las riberas del Bernesga y por los caminos iniciáticos de quien deja atrás lo profano y busca su propio grial para, tal vez y solo tal vez, terminar siendo gran maestro de la nada en una vida urobórica, en una partida de parchís perdida de antemano porque ya estaba ganada sin constacia de ello y simplemente fue desdibujándose en nuevos vórtices.

Ahora van unas cuantas fotografías de aves, y dado que no he podido salir demasiado en esta temporada, las especies mostradas son algo repetitivas. Más o menos ocultos, más o menos vistosos, más o menos llamativos, más cercanos o más lejanos, representados con mayor o menor calidad de imagen, los seres alados son maravillosos. Esta es la lista de aves y de cuadrúpedos que han aparecido en el presente post, en orden alfabético: Ánade real, agateador común, colirrojo tizón, carbonero común, carbonero garrapinos, cormorán grande, corzo, gallineta, garceta grande, garza real, halcón peregrino, lavandera cascadeña, milano negro, mirlo acuático, mirlo común, mito, mosquitero común, paloma bravía, pato criollo, perro, petirrojo, pinzón, urraca, vaca.

Aún queda noviembre y además hay muchas cosas loables que, por lógica, no es posible transmitir. Como decía al principio, León continúa con obras que, en este momento, ya van tomando forma, además de que se está decorando de pantallas cual “Blade runner” (1982, Riddley Scott) o “They Live” (1988, John Carpenter), algo de lo que podría hablarse en otra ocasión, si procede, pues daría para chorros de tinta. Es como un juego del que no es posible escapar, y solo nos queda realizar las jugadas en modo de plena alerta. Por suerte, hay rincones y detalles que no pierden su encanto, tanto si albergan estatuas o edificios de vieja piedra como si se trata de nudos de vida que persisten con los años y aguantan las inclemencias, transformados en duras trenzas imposibles de cortar, por aparentemente inócuas, con lo que esto implica, y por derecho divino. El trabajo de los ancestros no puede ser olvidado, y hay símbolos que siempre evocarán el vestigio de un recuerdo indestructible, al menos hasta que el espíritu del ser humano pierda la consciencia que da sentido a su milenario existir. Y el gran Robert E. Howard, texano universal y erudito de la cultura occidental, también decía algo hace justo noventa años, ceñido al contexto y paradigma de su época aunque inspirado en supuestos ignotos pretéritos: “La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización es artificial, un capricho de las circunstancias. Finalmente, triunfará la barbarie”. Y yo digo ¿Qué es la barbarie, a qué color del tablero apunta, tal vez tiene leds y crece como un engendro devorador? ¿Hace daño a la vista? ¿Te seduce con su red multicolor, te habla, te comprende, te muestra el camino? Espera ¿No respira? Tal vez desvarío. Qué cosas más extrañas me planteo a estas altas horas de la noche Estigia, embriagado con las fragancias del loto negro y embebido ante libros nunca escritos hasta el momento. Desde las catacumbas de Akivasha, inserto la última ristra de imágenes de calle, en sí metáforas ineludibles para quien suscribe, en lo literal y fresco, en lo sugerente, en lo absurdamente triste y en lo entrañablemente grotesco.

Gracias por leer y por compartir mi hilo invisible, nos vemos por los caminos encharcados y por las sendas de tierra. Hasta el próximo papiro.

Texto y fotografías: © J. Bass (Vientos de Estigia).

Artículo de carácter cultural y lúdico, exento de afán comercial. Los logos e imágenes pertenecen a los poseedores de los derechos.

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